Rosario Morejón Sabio-El Correo

  • Europa necesita contraestrategias, vistas las apetencias ilimitadas de Trump

El caos que un solo hombre, Donald Trump, está generando en toda la Tierra necesita de alguien que tenga el coraje de confrontar a este 47 presidente de Estados Unidos con su brutal estropicio. La obstinación con querer apoderarse de Groenlandia cualesquiera sean los medios prueba una irresponsabilidad culpable, más que condenable. Según la explicación dada por él mismo a ‘The New York Times’, este individuo sin superyó ne necesita poseer Groenlandia porque es lo que él «siente psicológicamente como necesidad para triunfar». Entre las muchas razones esgrimidas para justificar la posible violación de la soberanía de un aliado, tal confesión es la más acorde a la personalidad de este presidente. Por encima de las amenazas geopolíticas rusas y chinas, la abundancia de minerales estratégicos, la instalación de un escudo antimisiles en la gran isla danesa que proteja a EE UU, la apelación de este ego trumpiano, enfermo de hibris, a mayores cuotas de éxito, da vértigo.

Saber resistirse a las obsesiones infundadas es un prerrequisito para todo hombre de Estado. La negación de evidencias históricas y el rechazo de soluciones viables entre la OTAN, los europeos y el primer ministro groenlandés, Jens-Frederik Nielsen, por parte del magnate estadounidense reafirman la irracionalidad de sus conductas y la peligrosidad de sus planteamientos. Con sobresaturación de arrogancia, pretende demostrar a los occidentales, a Vladímir Putin, a Xi Jinping, cuán grande es su capacidad para pasar a los hechos.

Véase la captura de Nicolás Maduro, aliado americano del presidente ruso. Intervenciones en Oriente Próximo, hundimientos en el Caribe, guerra de 12 días en Irán, recientes bombardeos en Siria son los éxitos tácticos y mediáticos que animan al inquilino de la Casa Blanca a nuevas acometidas. El republicano implanta con la fuerza el regreso de las esferas de dominación como principio vertebrador de las relaciones internacionales desplazando la regulación por el derecho. Operaciones militares, coacciones comerciales, apropiaciones de recursos ajenos, abusos de poder extraterritoriales hacen de Trump un ‘padrino’ en el sentido siciliano del término. Desmonta el orden internacional nacido en 1945, para imponer un neoimperio de vasallaje en nombre de los intereses superiores de EE UU, cuando no de negocios propios.

El 20 de enero de 2025, el reelegido presidente Trump revitalizaba su doctrina de ‘America First’ en su segundo discurso de investidura. Al día siguiente, Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, replicaba desde Davos que Europa tiene otras opciones y que cooperará «con cualquier país con el que comparta intereses». Ni en sus peores pesadillas habían anticipado los europeos la ejecución de las amenazas del jefe MAGA. ¿Despertará la Unión Europea de este coma?

Hasta ahora, los occidentales satisfacían su dependencia energética mirando a Rusia, la seguridad comprando a EE UU y el comercio abasteciéndose en China. La epidemia de covid-19 alertó sobre la fragilidad europea en medicamentos y componentes técnicos; la ‘operación especial’ de Putin en Ucrania en 2022, sobre la volatilidad de las fronteras del Viejo Continente; y el desapego de Trump hacia la OTAN y hacia el multilateralismo, sobre su deseo de un imperio único. Europa necesita desarrollar otras relaciones, diseñar sus propias contraestrategias. Con urgencia, vistas las apetencias ilimitadas del golfista de Mar-a-Lago.

La Estrategia de Seguridad Nacional estadounidense (NSS), publicada en Washington el 5 de diciembre pasado, afirma que la dirección en la que el mundo se ha desenvuelto en las dos últimas décadas en absoluto beneficiaba a Estados Unidos. La solución de la NSS es conocida por todas las cancillerías: «Se necesita un cambio radical. Contamos con unos Estados Unidos diferentes; dado que esta nación-continente es la potencia, tenemos un mundo diferente. ¡Que cada uno haga sus cálculos!». Europa se enfrenta a lo impensable: ver que su potente aliado se vuelve contra ella. La ‘necesidad de triunfar’ requisando Groenlandia no es el único cambio. La NSS considera a EE UU como la potencia única. «Las potencias únicas no dicen: lo que yo hago, los demás pueden hacerlo también». En el discurso trumpiano, ¿cabe pensar, entonces, que una cosa es sumar Canadá y Groenlandia como nuevos Estados de la Unión pero que Rusia no puede retomar los Países Bálticos ni China atreverse con Taiwán?

«Soplan malos vientos y debemos unir nuestras fuerzas para afrontarlos», repiten el canciller Friedrich Merz y el presidente Emmanuel Macron. Canadá mira a China, la Unión Europea hacia India y América del Sur. En el imperio de la egolatría impuesto por Trump, no cabe sumar más imprevisibilidad. Profundicemos en construir una seguridad europea basada en la disuasión nuclear, en el comercio justo en Asia-Pacífico y con África. La UE no puede desprenderse súbitamente de Estados Unidos pero, con coraje, sí debe construir autónomamente una realidad digna de Montesquieu.