Editorial-El Correo
- Los líderes europeos afrontan en Davos el primer asalto para plantarse ante las imposiciones de Trump sin desatar una crisis de mayor gravedad
Las principales potencias del mundo ponen a prueba hoy en el Foro de Davos, en Suiza, el delicado momento que vive la diplomacia internacional, zarandeada sin cuartel por Donald Trump durante su primer año de mandato al timón de Estados Unidos. En este convulso arranque de 2026, marcado por las redobladas pretensiones del magnate por hacerse con el control de Groenlandia mientras refuerza su presencia militar en la isla, los líderes europeos afrontan en la cumbre económica un asalto decisivo para plantarse ante las amenazas de Trump, con el reto añadido de intentarlo sin causar un descosido mayor en la agrietada relación con el inquilino de la Casa Blanca.
La cita se celebra en un ambiente de indisimulada crisis entre aliados históricos, ahora polos opuestos: los aranceles con los que Trump castiga lo que juzga como gestos de insurrección a sus ambiciones frente al libre comercio que regulaba la colaboración, basado en el diálogo y el acuerdo multilaterales. Con la asistencia de los gobiernos, bancos y empresas más influyentes, el encuentro escenificará el pulso que libran ambas posturas. A un lado, Trump, apoyado por gobernantes y populismos de corte ‘patriota’ y ultra, desde el argentino Javier Milei al británico Nigel Farage. Al otro, los referentes de la UE, con la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, y Emmanuel Macron a la cabeza de la resistencia a este «imperialismo» de nuevo cuño. Pedro Sánchez, otra voz discrepante con el magnate, ha cancelado su participación por la tragedia ferroviaria de Adamuz.
El progresivo endurecimiento del mensaje de Europa se intensificó ayer con la llamada de Von der Leyen a articular una respuesta «firme, unida y calmada» a las imposiciones del líder de Estados Unidos, mientras Macron le acusó de querer «subordinar a Europa» en un mundo «sin leyes» ni respeto. No parece que vaya a causar mella en él. En la víspera del foro, el hecho de que Trump plantara simbólicamente la bandera de EE UU en Groenlandia y desvelase sus conversaciones privadas con Macron, en una nueva humillación al presidente francés, reafirma sus propósitos expansionistas y la vocación provocadora con la que hoy desembarca en Davos. El exacerbado protagonismo del mandatario republicano no debería solapar otras cuestiones esenciales, como la supervivencia de Ucrania y la necesidad de Europa de buscar nuevos mercados para superar las barreras estadounidenses, sea con Mercosur o con pactos con India.