Fernando Navarro-El Español
  • Hay una predisposición tribal a la búsqueda de alianzas. Por eso quienes se enfrentan a Estados Unidos e Israel son los aliados naturales de la izquierda.

La historia lo tiene todo. Malvados clérigos que imponen su visión fanática a la sociedad. Mujeres oprimidas obligadas a cubrir su cabeza. ¡Un patriarcado de verdad!

Los clérigos han apagado la web para que el mundo no se entere de la represión cruel que se disponen a emprender, pero la gente se ha lanzado, con enorme valor, a las calles. El castigo por manifestarse puede ser la muerte. Y, en efecto, los muertos y los detenidos se empiezan a acumular.

No se veía tal nitidez en el reparto de personajes buenos y malos desde Blancanieves o El Señor de los Anillos.

O desde El cuento de la criada.

Y, sin embargo, la izquierda occidental permanece silente. La historia no le interesa. No hay flotillas, no hay declaraciones de actores.

Javier Bardem está callado. Mark Ruffalo está a otros asuntos. Y, sin duda, Susan Sarandon tiene cosas más importantes que hacer.

Por su parte, Podemos ocupa su tiempo en una campaña antisemita contra el Maccabi de Tel Aviv (y en criticar el blackface de Moreno Bonilla), y Sánchez en recomendar en TikTok libros que no ha leído.

Los medios tampoco parecen especialmente interesados, y han permanecido en silencio ante la épica iraní. La primera aproximación informativa de Sky News consistió en suministrar la versión de los ayatolás: los manifestantes son agentes israelíes y estadounidenses.

Y da la impresión de que la BBC no quiere ser calificada de islamófoba si critica un régimen musulmán.

Por su parte, Televisión Española permanece ocupada en contarnos cómo Zapatero se ocupa de liberar a los presos políticos en Venezuela, cuya existencia hasta ahora se negaba. Este esfuerzo de blanqueamiento, por cierto, ha sido acogido con cierto cachondeo en las redes.

En esta circunstancia no es de extrañar que Jean-Luc Mélenchon, líder de la Francia ¿Insumisa? se manifestara el pasado sábado.

¿En favor de los iraníes? No, de la liberación del dictador Maduro.

Al parecer, es partidario de que el socialista del siglo XXI pueda seguir oprimiendo a los venezolanos, y de que el Helicoide continúe funcionando a pleno rendimiento.

En Washington, manifestantes iraníes en contra del ayatolá Jamenei se vieron confrontados por una manifestación de mujeres blancas («liberales», dice la noticia) partidarias de Hamás. «Parece un sketch de Monty Python«, sentenció, con conocimiento de causa, John Cleese.

Es imposible dejar de percibir todas las incoherencias y contradicciones, y quizás la más sorprendente sea esta. Los que más ruidosamente han enarbolado la bandera del feminismo permanecen callados ante la lucha de las mujeres contra un régimen que de verdad las discrimina.

Entonces la pregunta es esta. ¿Cuáles son, en realidad, los principios éticos que guían a los que acostumbran a encaramarse a podios morales?

¿Qué clase de moral podrida es esta? ¿Qué es lo que está ocurriendo?

«¿Cuál es el hilo conductor moral que une todas estas creencias? Proponemos una respuesta novedosa: no existe. Cada norma moral, junto con su aparente violación, cumple una función estratégica: movilizar el apoyo a un aliado político específico o la oposición a un rival político específico».

Esto es lo que defienden David PinsofDavid O. Sears y Martie G. Haselton, del Departamento de Psicología de la Universidad de California, en su estudio Extraños compañeros de cama: la Teoría de la Alianza en los sistemas de creencias políticas.

Es decir, según esta teoría, las posiciones morales de los seguidores de una ideología no se determinan por un juicio moral (que necesariamente debe ser coherente), sino por la posición con respecto a los aliados y enemigos de esa ideología.

Se trata de una predisposición tribal a la búsqueda de alianzas, algo que resultaba imprescindible para la supervivencia del sapiens. Ahora, es un mecanismo inconsciente por el que los enemigos de mis enemigos son automáticamente mis amigos. Y, por eso, los que, como Irán, se enfrentan a Estados Unidos e Israel (y en general a Occidente) son los aliados naturales de la izquierda.

Por eso puede verse a cierta izquierda alineada con la teocracia iraní o con el terrorismo de Hamás: esto puede ser incoherente o repugnante desde el punto de vista intelectual y moral, pero es congruente desde la perspectiva de las alianzas.

El ajuste de disonancia hace el resto.

Antonio Maestre ha explicado que los disidentes del chavismo (un aliado natural para Maestre) son peligrosos fascistas. Y no es descartable que manifestantes iraníes pasen a ser considerados, tal y como sugirió Sky News, sospechosos agentes del sionismo o de los yanquis.

En todo caso, alianzas aparte, es imposible dejar de ver la realidad.

Para cierta izquierda, el antioccidentalismo pesa mucho más que la defensa de las mujeres. Las alianzas son más decisivas que la moral.