Cuatro años mayor que su hermano Javier (el extraordinario escritor), Miguel Marías es un economista que durante muchos años fue jefe del Servicio de Estudios de la Cámara Oficial de Comercio e Industria de Madrid, dirigió la Filmoteca Española y fue director general del Instituto de Cinematografía y de las Artes Audiovisuales, adscrito al Ministerio de Cultura. El mayor de los Marías lo sabe ‘todo’ del cine. Y habla y escribe de él con sabiduría y pasión, magistralmente y sin una gota de pedantería. Rebosante de ideas.
Tras leer su libro Otro Luis Buñuel (Athenaica), tomo notas y me dispongo a aprender a mirar mejor la obra del cineasta aragonés, y aproximarme a su personalidad, su técnica, su perspectiva; para afinar mi estilo de observar e interpretar. Ve Marías al director de cine nacido en Calanda como «la máxima aportación cinematográfica española», de modo que cualquiera que haga cine en España, o escriba sobre él, deberá algún día plantearse su figura. Para ello, hay que saber ubicarlo y hacerlo más familiar y más cercano, sin convertirlo en un ‘tótem’ cultural. Idealizar a una figura y declararla ‘intocable’ tiene un efecto opuesto al homenaje íntimo: impide reavivarla, impide su mejor prolongación.
Otros, lejos de idealizar, se dedican a desfigurar la realidad y devaluarla. Así, unos veinte años antes de fallecer, a Buñuel se le retiró la nacionalidad española. Fue una decisión del gobierno de Franco, con motivo de su película Viridiana. El nacionalcatolicismo la decretó blasfema. Por esto se cometió el absurdo de quitarle oficialmente la españolía, una estúpida cacicada que, lógicamente, nadie tiene derecho a hacer.
Destaca Miguel Marías que Luis Buñuel nunca vio la cámara cinematográfica como un mero aparato reproductor, sino como un «instrumento casi mágico, creador, que permite inventar o descubrir imágenes, personajes, escenarios o historias capaces de maravillar o sorprender» y generar visiones o ensueños.
De este modo, Buñuel acabó por convertirse en lo que nadie podía imaginar en sus inicios: un gran cineasta clásico, que «conjugaba una inusitada capacidad de narrar con concisión y elegancia con una no menor libertad estructural».
Un cine lleno de altibajos, complejo, ambigüo y siempre reacio a juzgar. Parece que no le preocupaba en absoluto que el espectador creyese que lo que estaba viendo era «real, verosímil o siquiera posible». No obstante, esa sensación de inseguridad que puede resultar desasosegante, pretendía fomentar entre el público «una actitud vigilante y alerta», transmitiéndoles una cierta incredulidad. Películas, por tanto, abiertas a cualquier interpretación: «dejando a cada espectador en libertad para elegir causas y explicaciones, sin imponerle un significado concreto».
Miguel Marías ve Un chien andalou como la primera película basada en la agresión al espectador, un choque inicial que nos deja atrapados, en planos que condicionan nuestro estado de ánimo en los dieciséis minutos restantes. Una estrategia de suspense que se adelanta a Hitchcock, quien, por cierto, fue un admirador confeso de Buñuel.
Una prolongación ampliada de Un chien andalou sería L’Âge d’Or:
«una película divertidísima, más un film cómico que una comedia satírica».
Las Hurdes o Terre sans pain es a su juicio «el primer documental total –es decir, no limitado a la realidad aparente- de la historia del cine». «Nada le es ajeno, nada le repugna, y por eso se atreve a filmar como si nada a estos niños descalzos, rapados, de inquietante entrecejo, fruncido y mirada fija o perdida».
Deplora Miguel Marías las interpretaciones erróneas de sus películas mexicanas. En algunos casos, obras maestras como Abismos de pasión; minusvalorada –dice- por ser mexicana y no británica o hollywoodiense. Rechaza asimismo que la dureza de Los olvidados pueda confundirse con crueldad o indiferencia.
Lo que llevo dicho es sólo una pequeña muestra del conjunto de reflexiones de un asombroso cinéfilo, para quien «la obra de Buñuel más accesible y de la que más podría haber aprendido el cine español de los 50» sería El gran calavera (1949), una película entretenida y que promueve el interclasismo.