Juan T. Delgado-Vozpópuli

  • El apagón demostró que el Gobierno avanzaba hacia el fallo multiorgánico. La tragedia de Aldamuz puede romper definitivamente el dique del descontento

El Gobierno de Pedro Sánchez siguió en pie tras un apagón histórico, pero no está tan claro que vaya a sobrevivir a la gran tragedia ferroviaria. La coalición podría salir indemne si la investigación del accidente de Adamuz concluye pronto y libra de responsabilidades a Adif. Lo contrario sería una pésima noticia para la supervivencia del líder socialista, expuesto más que nunca en la legislatura a un brote de indignación social.

Moncloa tiene motivos para sufrir pánico. El apagón sufrido el 28 de abril de 2025 constató, a ojos de los españoles, que España estaba dejando de funcionar. Fue un aviso de fallo multiorgánico en una nación cada vez más ingobernable. El corte de suministro paralizó el país durante una jornada completa y transmitió al exterior una imagen pésima.

El apagón se saldó sin que ningún alto cargo ministerial ni de Red Eléctrica (controlada por el Estado) asumiera culpas. De hecho, nueve meses después, los ciudadanos y las empresas afectadas siguen sin saber a quién reclamar (CEOE estimó las pérdidas en 1.600 millones) ni cuál fue la causa verdadera. El Gobierno logró escurrir el bulto a base de silencio informativo, culpando a las eléctricas de la avería.

Lo sucedido, sin embargo, alentó las dudas -y sigue alentándolas- sobre la fiabilidad de las infraestructuras energéticas, y la capacidad de control y anticipación del Ejecutivo. Irremediablamente, la oposición parlamentaria estableció entonces un paralelismo con los fallos crecientes que venía experimentando la red ferroviaria. Dos meses después del apagón, un tren se quedó varado con los pasajeros dentro durante 12 horas en la provincia de Toledo.

Al igual que en el caso del apagón, el Gobierno ha huido hacia adelante, acostumbrando a los viajeros a la nueva realidad ferroviaria (dominada por los incidentes) y repartiendo culpas (las críticas del ministro Óscar Puente a Iryo Ouigo están a la orden del día). Así, hasta que dos trenes chocaron a la altura de Aldamuz.

Un antes y un después para Sánchez

El trágico accidente marca un antes y un después para Sánchez. Básicamente, porque hay más de 40 muertos. Para colmo, 48 horas después del choque en Córdoba, un Rodalies descarriló en Gelida (Barcelona), causando la muerte del maquinista.

La histeria gubernamental es tal que, en menos de 24 horas, se han emitido órdenes contradictorias sobre la velocidad máxima a la que deben circular los trenes en otras dos líneas (las que unen Madrid con Barcelona Valencia). En vez de tranquilizar, el Ejecutivo está alimentando el miedo a viajar, alentando la desconfianza de la población sobre el estado real de las infraestructuras, sembrando dudas sobre la gestión de las inversiones y la capacidad -en definitiva- de gobernar sin apoyos parlamentarios ni Presupuestos.

Los nervios están a flor de piel y sólo el respeto a las víctimas ha ayudado a contener el malestar social. Aún así, ya hay un colectivo que ha estallado contra el Gobierno. Los maquinistas amenazan ya con dejar de circular si Adif no ofrece garantías máximas de seguridad. Por ahora, ya han convocado tres jornadas de huelga.

Los maquinistas protagonizaron este miércoles un suceso simbólico. Plantaron al presidente de Renfe en una reunión, en protesta por la muerte de tres compañeros en tres días (dos en Aldamuz y otro en Gelida). Los conductores llevaban chalecos amarillos, se los quitaron en presencia de Álvaro Fernández Heredia y los amontonaron delante.

Los chalecos amarillos son un símbolo de protesta y generan pavor en Moncloa. Con ellos puestos visibilizaron su malestar en las calles millones de franceses en 2018, por la gestión política de Emmanuel Macron.

Final inminente de la tregua política

A menos que haya una causa clara del accidente, se da por hecho que la oposición parlamentaria romperá la tregua de forma inminente, tras los funerales de las víctimas. El PP ya ha exigido explicaciones. “La falta de previsión, las respuestas contradictorias del Gobierno y, sobre todo, la alarma generada en la sociedad que ya tiene miedo a utilizar uno de los servicios públicos que mejor funcionaban hasta hace siete años requiere de respuestas y las pediremos”, aseveró el vicesecretario popular Juan Bravo.

Génova irá al choque en los próximos días. Vox lo hizo desde el primer momento, sin esperar si quiera al recuento de fallecidos. Y tanto ERC como Junts tendrán difícil no entrar al trapo por el malestar social acumulado en Cataluña por el funcionamiento de los Rodalies.

Lo sucedido en Córdoba también meterá presión a los dos grandes sindicatos. Nadie ha ayudado más al Gobierno que CCOO UGT, a la hora de contener el cabreo en las calles. La huelga de los maquinistas, con tres muertos en sus filas, calentará los ánimos de otros colectivos. Las dos centrales sindicales tendrán que decidir si siguen agazapados.

Con la sensibilidad de millones de españoles a flor de piel, el dique del descontento puede venirse abajo. Y llevarse por delante a un Gobierno que ha resistido a la asfixia de los casos de corrupción.