Editorial-El Correo

  • El organismo ‘de paz’ con presidencia vitalicia de Trump impulsa un lucrativo proyecto financiero privado sobre las ruinas de Gaza

Ocurre con la llamada Junta de Paz que Donald Trump presentó en Davos que los árboles, la supuesta pretensión de rivalizar con Naciones Unidas, impiden ver el frondoso bosque de intereses financieros privados que se disponen a hacer presa en la devastada Gaza. Por más que el presidente de Estados Unidos -«soy un apasionado del sector inmobiliario, miren esa hermosa propiedad junto al mar»- no lo esconde. Desde hace un año, la Casa Blanca solo repara en la ONU para retirarle financiación y abandonar sus agencias. Y para dotar de legitimidad de origen a sus designios para la Franja.

La Junta de Paz reinterpreta a su favor la Resolución 2803 del Consejo de Seguridad que, en noviembre, abrió la puerta a que un organismo gestionara durante dos años el territorio palestino ocupado. Washington considera superado con éxito el alto el fuego acordado en octubre, a base de ignorar los 460 asesinatos de civiles ocurridos desde que comenzó la tregua, la todavía muy escasa ayuda humanitaria que llega a la zona, que Hamás no se ha desarmado y se mantiene la masiva presencia militar de Israel. Ahora se trata de avanzar en la siguiente fase del famoso plan de 20 puntos, para llevar adelante un proyecto económico que viste de reconstrucción y desarrollo la apropiación por capital privado internacional de un territorio habitado todavía por casi dos millones de seres humanos. Y no para rescatar a los palestinos de su difícil superviviencia, sino para sepultar la dimensión política de sus aspiraciones bajo rascacielos costeros, complejos turísticos y centros de datos. El documento de once páginas que fundamenta la Junta de Paz no menciona Gaza ni una sola vez. Y el despliegue gráfico con el que el yerno de Trump, Jared Kushner, ilustró el futuro de la Franja detalla las toneladas de cemento y municiones que habrá que retirar, pero habla de «mortalidad» de «decenas de miles» al referirse a las víctimas de dos años de ofensiva israelí después del ataque criminal de Hamás.

Trump se adjudica el mando vitalicio de un órgano en el que le acompañan 26 países, en su inmensa mayoría con gobiernos autocráticos; dos de ellos, además, reclamados por la justicia internacional por crímenes de guerra. Una vez más, el húngaro Viktor Orbán avergüenza a sus socios de la UE al posicionarse a favor de una iniciativa rechazada explícitamente por España y que, lejos de perseguir la paz, diseña un lucrativo negocio sobre los escombros de Gaza.