Alejo Vidal-Quadras-Vozpópuli
- La red ferroviaria es el primer síntoma de un declive imparable. Seguirán las vías de comunicación terrestre, carreteras, autovías y autopistas
Negligencia y nepotismo
La red española de alta velocidad, envidia del mundo y paradigma de perfección logística, puntualidad y eficiencia, reducida, tras siete años de poder socialista, a una decepcionante amalgama de retrasos, incidentes, pérdida de calidad y, como colofón doloroso, un accidente terrible que ha conmocionado al país y a la comunidad internacional por el número de fallecidos y heridos y por ser el resultado de una degradación de infraestructuras ferroviarias que una gestión eficaz, técnicamente correcta y políticamente responsable hubiera evitado. Lo que sucedió en las proximidades de Córdoba el pasado 18 de enero no fue una fatalidad, una desgracia infausta o una tremenda mala suerte, nada de eso, fue el resultado de una larga etapa de desidia, negligencia, corrupción, incompetencia y nepotismo de los sucesivos ministros de Transportes y de la cúpula dirigente de Renfe y de Adif nombrados por Pedro Sánchez con criterios partidistas y de fidelidad personal, completamente ajenos a los requisitos de experiencia en el sector, conocimientos y formación que cargos de esta relevancia estratégica requieren. El primer encargado de esta área esencial del gobierno está en la cárcel y dedicaba su tiempo a robar y a frecuentar la compañía de señoritas de buen ver y virtud dudosa a las que colocaba en empresas públicas a las que no se dignaban ir a trabajar. El siguiente es un energúmeno que dilapida su tiempo escribiendo frenéticamente en las redes sociales para injuriar y calumniar con los peores modos a representantes de la oposición o, si se tercia, a sus propios correligionarios, cuando se apartan de la sumisión perruna que, según él, le es debida al líder carismático profundamente enamorado de una presunta traficante de influencias. Por no hablar del antiguo portero de discoteca, también entre rejas, que manejaba los hilos del ministerio ejerciendo de mamporrero del ministro a la vez que organizaba maniobras de saqueo sistemático de las arcas públicas. ¿Qué podía salir mal? Los familiares de los cuarenta y cinco muertos en la catastrófica colisión de un Iryo y un Alvia en el ensangrentado atardecer en el que el horror cayó sobre los confiados pasajeros de ambos convoyes seguramente tengan la respuesta y es presumible que no sea atemperada.
El hecho desnudo, más allá de retóricas engañosas, pirotecnias mediáticas de distracción y repulsivas lágrimas de cocodrilo, es que faltaban treinta centímetros de rail y que esta letal deficiencia se detectó por parte de trenes que transitaron por allí en días previos al descarrilamiento e incluso el mismo día. Si es verdad que se realizaron inspecciones en esa zona poco antes de los luctuosos acontecimientos, ¿quién las llevó a cabo? ¿y cómo? ¿nadie hizo caso de las señales de advertencia de diversos maquinistas que circularon en ese tramo de vía? ¿nos toman por idiotas?
La combinación de incompetencia, sectarismo y corrupción que define al Gobierno de Pedro Sánchez tenía que manifestarse tarde o temprano en un suceso de consecuencias mortales. La destrucción de la calidad de las instituciones pertenece inicialmente al ámbito de lo intangible, pero acaba indefectiblemente teniendo efectos palpables sobre la vida y los bienes tangibles de la gente. España es hoy, gracias a la pertinaz labor de demolición del Estado de Pedro Sánchez y sus secuaces, un erial ético y pronto será también, si seguimos por el camino que vamos, un montón de escombros materiales. La red ferroviaria es el primer síntoma de un declive imparable. Seguirán las vías de comunicación terrestre, carreteras, autovías y autopistas. El apagón fue el aviso que puso el foco en el sistema de transporte y distribución de electricidad. Librarse del endriago sulfúreo que nos desgobierna comienza a ser una cuestión de supervivencia.