Editorial-El Correo

  • El encuentro anual en Suiza testifica la crisis del orden mundial y la era de incertidumbre y rivalidades geopolíticas que se abre

Líderes empresariales y políticos del mundo se reunieron la semana pasada en la pequeña ciudad suiza de Davos. El Foro Económico Mundial, que reúne anualmente a más de 2.000 personas para analizar los asuntos más apremiantes del mundo, abordó la cooperación internacional, la innovación responsable, el empleo en la era de la IA o la paz. Pero la edición de este año será recordada por servir de escenario de la ruptura del orden internacional y de la crisis que atraviesan las relaciones internacionales. En un discurso brillante, Mark Carney, primer ministro canadiense, describió con detalle ese proceso de ruptura y transición hacia un mundo basado en rivalidades y en el que, citando a Tucídides, «los fuertes hacen lo que pueden y los débiles sufren lo que deben».

Desde el otro lado de la mesa, Donald Trump también aportó claves para entender el mundo hacia el que nos adentramos. Su discurso estuvo marcado por su interés militar en Groenlandia, las críticas a sus aliados europeos y la defensa de la legitimidad de su guerra arancelaria. Además, aprovechó el impacto mediático del encuentro para firmar el acta de constitución de la llamada Junta de Paz, que pretende ser una alternativa a las Naciones Unidas y entre cuyos miembros fundadores se encuentran varios autócratas que plantean serias dudas sobre el nombre y el propósito de la nueva organización. Dicha Junta, cuya primera misión será consolidar el alto el fuego acordado en octubre en Gaza, también pondrá el foco en la guerra entre Rusia y Ucrania en los próximos meses. De hecho, Trump y Zelenski se reunieron durante el foro al tiempo que Putin recibía en Moscú a Steve Witkoff, enviado especial de Trump. Según el presidente estadounidense, ambas partes pretenden alcanzar la paz y están más cerca de lograrlo.

Como bien señaló Mark Carney, este inquietante cambio de orden mundial es planteado como algo inevitable, un ciclo natural ante el que debemos plegarnos sin ofrecer resistencia. Pero no es cierto. Existen alternativas al caos. Europa tiene la oportunidad de recoger el guante del canadiense y, ocupando el vacío que ha dejado Estados Unidos tras el regreso de Trump a la Casa Blanca, recuperar la diplomacia e impulsar un orden mundial reforzado que se apoye no solo en las reglas, sino en la eficacia de estas para promover un mundo mejor.