Tonia Etxarri-El Correo
Después de Junqueras, el lehendakari Pradales. Hoy, en La Moncloa, los dos mandatarios se verán de igual a igual. Tal como le gusta al PNV. Para iniciar esa «relación bilateral estable» que vienen reclamando los nacionalistas vascos a fin de establecer diferencias con el resto de la plebe de las autonomías. La imagen de hoy es una foto que los dos buscan. El presidente del Gobierno se afana por retener al mayor número de socios que pueda. Del encuentro con el inhabilitado presidente de ERC, el pasado 9 de enero, surgió el polémico pacto sobre la financiación singular. Pero la tranquilidad le duró poco a Pedro Sánchez. Justo hasta el pasado domingo, cuando Junqueras pasó a la ofensiva y empezó a exigir dimisiones. Solo por la crisis en Rodalies, que es lo único que le importa. Dimisiones de la consellera de Territorio de la Generalitat y el ministro Óscar Puente, que ayer anduvo desmintiéndose a sí mismo, y por eso también Feijóo pidió su dimisión, tras el dramático accidente de Adamuz, con 45 muertos sobre las conciencias del Gobierno.
En medio de esta tormenta de apuros continuados, con la cadena de irregularidades, la negligencia y la falta de inversión en la red ferroviaria, Sánchez necesita amarrar apoyos para asegurarse su permanencia en La Moncloa aunque su mayoría parlamentaria se haya tambaleado. Junts, de momento, le ha abandonado de forma solemne propagándolo a los cuatro vientos. Y ERC, el partido que sostiene a los socialistas catalanes en la Generalitat, no oculta su incomodidad, aunque prefiera, como el PNV, que Sánchez, a pesar de todo, siga gobernando.
Son malos momentos para el inquilino de La Moncloa que, de momento, ha rehuido comparecer en un pleno extraordinario en el Senado para dar explicaciones sobre el siniestro de Adamuz y ha optado por reservarse para el 11 de febrero en el Congreso. Unos veinticinco días después de la tragedia. Así es que no le viene mal el encuentro con el lehendakari, aunque el PNV, que está aprovechando su momento de debilidad para seguir presionándole, busca también una rentabilidad electoral. Se trata del sexto encuentro en año y medio. Los dos se necesitan. Sánchez para contrastar su imagen de minoría parlamentaria y el lehendakari para transmitir a sus votantes que él está consiguiendo arrancar al presidente del Gobierno español las transferencias que deberán completar el autogobierno vasco. Queda una quincena de traspasos de competencias.
El PNV, ni es como Junts, que ahora le dice a Sánchez a todo que no, ni como Bildu que desde el comienzo le ha dicho a todo que sí. Esa es la idea que transmitió, desde el partido, Aitor Esteban, en una entrevista concedida a EL CORREO, en la que reconoció que, mientras puedan sacar beneficios, ellos no serán quienes abandonen el barco, como hicieron con Rajoy. Pero surge una doble pregunta del millón. A medida que el presidente vaya cediendo ante los nacionalistas, ¿seguirá perdiendo votos? Esta alianza, que tantas tensiones internas está generando a estas alturas en el PNV, ¿no le pasará factura en las urnas, al contrario que a Bildu? Va perdiendo movilización en sus votantes. Y ya veremos en las elecciones vascas.