A día de hoy, cualquiera de los textos y libros promocionados por el Centro Memorial de Víctimas del Terrorismo me parecen provechosos. Tienen como nexo común el estar escritos desde el equilibrio, ser ponderados y claros, estar bien documentados y tratar la violencia política desde la perspectiva de los efectos que produce en los seres de carne y hueso, no ya en la geopolítica. Así sucede también con el libro que acaba de publicar el sociólogo y profesor Lorenzo Castro Moral: Terrorismo revolucionario en España: El PCE (r) y los GRAPO.
En la segunda mitad de los años sesenta del siglo XX se inició en Europa una oleada de terrorismo de inspiración revolucionaria que rechazaba la sociedad de consumo y criticaba a la izquierda tradicional, acusándola de connivencia con el capitalismo. Al optar por la violencia como instrumento, el PCE (r)-GRAPO reafirmó su identidad grupal con un colectivo diferenciado o específico. Lo hicieron influidos por la popularidad entre los medios revolucionarios de los múltiples grupos terroristas que en esos años proliferaron.
El 1 de octubre de 1975, a propósito de una manifestación de apoyo a Franco, organizada bajo el pretexto de una ‘campaña antiespañola’ a causa de los fusilamientos de dos miembros de ETA y tres del FRAP, unos comandos del PCE (r) mataron a cuatro policías armados que vigilaban unas entidades bancarias y a uno de ellos lo remataron a martillazos. Entonces se inició el historial del grupo terrorista GRAPO (Grupos de Resistencia Antifascista Primero de Octubre): un historial de más de treinta años, con 93 asesinatos a sus espaldas; la cuarta parte de los cuales sin autor conocido.
El profesor Castro Moral ha hecho un trabajo exhaustivo, riguroso; dando mil detalles. He de decir que no me interesan para nada las interioridades de este grupo, ni de cualquiera de los grupúsculos que merodearon a su alrededor; que evidenciaron ser muy manipulables. No me interesan sus huelgas de hambre ni sus fechorías, ni siquiera que una fracción de organizaciones comunistas belgas y francesas agrupasen núcleos prochinos y proalbaneses. Sí, en cambio, me interesa analizar si el ejemplo de ETA fue decisivo en su paso al terrorismo y en la persistencia en esta vía. Una banda ultranacionalista vasca con dialéctica marxista quedó convertida para ellos en sus ‘vecinos’, esto es, en sus colegas; al acabar el año 2006, los miembros del GRAPO llegaron a justificar el atentado de ETA en la T4 de Barajas, que provocó la muerte de dos ciudadanos ecuatorianos y dejó heridas a otras cuarenta y ocho personas. Sólo un zopenco o un bellaco puede pretender que la violencia revolucionaria sea buena y excelsa porque sí.
En su confrontación con el Estado Social y Democrático de Derecho (despectivamente y para los populistas, el régimen del 78), mostraron seguidismo y solidaridad con los movimientos revolucionarios que abogaban por la «separación de Galicia, Euskadi, Cataluña». El asunto era petarlo todo, fuera cual fuera el ariete.
Anunciaban que su trabajo fundamental era ‘desenmascarar la política burguesa infiltrada dentro del movimiento obrero’, y que el militante debía «ser capaz de unirse con la gran mayoría, incluidos los que se hayan opuesto a la Organización, pero estén corrigiendo a conciencia sus errores. Debe mantener especial vigilancia contra los oportunistas y arribistas, a fin de que tales elementos no tengan cabida en la Organización».
Una verborrea delirante hilvanaba sus acciones: Cultura popular y antifascista. Ímpetu revolucionario y espíritu combativo del proletariado. Guerra Nacional Revolucionaria. La proclamación de que «el pueblo será libre si empuña las armas». Y la voluntad de superar «el período de la derrota momentánea ante la ausencia de dirección política».
Veamos este párrafo ‘ilustrado’: «La derecha y los partidos ‘comunistas’ conciliadores conocen y temen el proceso revolucionario que está abierto en España. Condenan las acciones antifascistas porque abren el camino a la verdadera democracia, sin fascistas y monopolistas». Estaban entretenidos y absortos en su aterradora vaciedad y nulidad, que resultó muy peligrosa porque su estupidez homicida y demente causó grandes sufrimientos, y nada más que eso.