Francisco Rosell-El Debate
  • «¡Así da gusto!». No era para menos tras ser recibido con esta obsequiosa pregunta: «Ministro, ¿cómo hacen frente a la campaña de intoxicación en marcha?». Lo pillan mintiendo y la ‘bien pagá’ no le dice ni pío. Todo ‘por un puñao de parné’, como en la copla despechada de Miguel de Molina

Amedida que las mentiras del Gobierno sobre la catástrofe ferroviaria de Adamuz afloran con un embuste persiguiendo al siguiente hasta arrollarse entre sí como los convoyes de la muerte y su ministro Puente rehúsa asumir responsabilidades por el desastre, Pedro Sánchez busca sofocar el fuego con otro. Así acelera la regularización exprés de más de medio millón de inmigrantes que avalen como Dios les dé a entender que residen en España desde hace cinco meses sin aprobarlo el Parlamento y certifiquen sus antecedentes penales con una autodeclaración. En suma, refranero mediante, los muertos al hoyo y el «vivo» Sánchez al bollo normalizando la inmigración ilegal pro domo sua.

Todo ello como parte de los planes de reemplazo electoral que viene desplegando en una coyuntura demoscópica adversa en la que 660.000 electores del PSOE en julio de 2023 (un 8,6 %) han transferido sus votos casi a partes iguales al PP y a Vox, habiendo ido un 13,7 % a la abstención, esto es, más de un millón, según ha establecido el sociólogo José Antonio Gómez Yáñez analizando las cuatro encuestas nacionales del CIS entre diciembre y la primera quincena de enero. Tras resultar fallidos hasta ahora los artificios que su director de gabinete Diego Rubio, ese teórico de ‘La ética del engaño’ –a tal señor, tal vasallo–, reclamó como deberes vacacionales a los ministros para alzar vuelo tras la perdigonada sufrida en la antaño «aldea gala socialista» de Extremadura, Sánchez anticipa esta resolución para usar a los inmigrantes como carne de cañón electoral con los cuerpos aún calientes de las víctimas de Adamuz.

No sólo tiende otra cortina de humo para zafarse de sus saqueos y muertes con la obra pública, sino que desata este otro incendio en pos de un reimplante electoral que evite su desalojo de La Moncloa. No es que «no sobre nadie en España», como blasona Sánchez; es que le sobran quienes no le votan, y procura diluirlos cual sal en agua. Si le preocupara reglar la inmigración ilegal habría reactivado la tramitación de la Iniciativa Legal Popular en marcha desde hace años sin saltarse al órgano representación de la voluntad popular con un Real Decreto Ley que es un coladero que colapsará los servicios públicos y desencadenará un «efecto llamada» con futuras regularizaciones. Contraviniendo las rectificaciones en este terreno de la Comisión Europea, Sánchez camina en la dirección contraria del resto del continente.

Ni que decir tiene que este precepto tampoco regirá para el País Vasco y Cataluña, donde la Constitución no impera. De hecho, Junts se ha felicitado de que Podemos se abra a delegar las competencias en inmigración que negaban a estos «xenófobos» hasta ayer mismo. De este modo, en España, hay vivos y muertos de primera y de segunda en función de las necesidades de Sánchez. Como acredita con su doble rasero tanto en la financiación singular como en la depuración de responsabilidades por el colapso de las Cercanías en Cataluña mientras no hay consecuencias por la mayor mortandad en la Alta Velocidad española. Aplicando el cínico baremo de Stalin, un muerto en Gelida es una tragedia; 45 en Adamuz, estadística. Hay que ser canallas.

De paso, al dejar el protagonismo del anuncio a Podemos, Sánchez sienta las bases de una reconfiguración de la izquierda del PSOE por la que «Yo, Yolanda» (Díaz) se convierte en un «cadáver exquisito» para Pablo Iglesias, quien primero la hizo ministra y luego le legó la vicepresidencia a la desagradecida. Éste se ha llevado al huerto a Izquierda Unida y al PCE, tras sonarle la flauta en Extremadura con una lista sin Sumar. Esta neoalianza tendrá su primer campo de pruebas en Andalucía. De ahí que María Jesús Montero, entre codazo y codazo, jaleara unas manifestaciones del líder de IU, Antonio Maíllo, en las que se refería a Díaz como si fuera «la chica del ayer» de los Nacha Pop. Para ‘Yolísima’, ya es «demasiado tarde para comprender», por lo que deambula de exigir una remodelación gubernamental de no te menees a profesar voto de silencio con Puente.

Mandando a los muertos a la sepultura, el vivales Sánchez pretende comerse la hogaza con una reconstrucción electoral que evoca la poesía de Bertolt Brecht a raíz de la represión de la «nomenklatura» comunista de la RDA a una revuelta en 1953. A propósito de un pasquín de las autoridades de Berlín oriental, el dramaturgo escribió: «El pueblo, leemos, / ha perdido por su culpa la confianza del gobierno/ y sólo redoblando sus esfuerzos/ podría recuperarla. / ¿No sería entonces más sencillo/ para el gobierno/ disolver al pueblo/ y elegir otro?». En ello, anda «Noverdad» Sánchez

Como la historia ama las paradojas, estos versos del autor comunista se los leyó en julio de 2019 el líder de Vox, Santiago Abascal, al candidato a la investidura Sánchez. «Ustedes –le indicó– comparten un particular entusiasmo por el multiculturalismo que no es más que liquidar la identidad de España introduciendo culturas remotas (…) que ni siquiera contemplan una diferencia entre las leyes civiles y las ideas religiosas. Me recuerda al poema Solución, de Brecht, que es de los suyos». «Ese disparate multicultural de elegir un pueblo nuevo es lo que parecen proponer muchos aquí cuando ha fracasado en toda Europa», concluyó Abascal en su «profecía autocumplida».

Prima facie, muchos se quedan en lo obvio: Sánchez se sirve de esta arbitrariedad para potenciar aún más Vox frente al PP proporcionándole este chute de emigración en vena para luego emerger cual deux ex machina como campeador contra la ultraderecha propulsando el voto de la izquierda. Sin embargo, cuando Vox supera al PSOE en algunas circunscripciones como corolario de una estrategia socialista que ha tenido efectos demoledores en Francia, diríase que son gachas a deshora. Tal vez, pero no para generar una situación de caos ante la perspectiva de perder el poder en la mejor tradición largocaballerista del PSOE. En vísperas de las urnas de febrero de 1936, saldadas por un pucherazo de la izquierda, el ‘Lenin español’ lo verbalizó en estos términos: «Si triunfan las derechas tendremos que ir a la guerra civil declarada».

Para este fin, y acorde con el adagio latino Vulgus vult decipi (El pueblo quiere que le engañen), es primordial la contribución de los medios al servicio de la manipulación y el engaño que dan gustirrinín al ministro Puente como en aquellos anuncios del gran humorista Miguel Gila sobre aquellas maquinillas de afeitar con hoja de acero inoxidable recubierta de teflón. No es extraño que Puente, tras la sesión de masaje de Silvia Inchaurrondo en La hora de la 1 de TVE al cumplirse una semana de la desgracia de Adamuz, exclamara: «¡Así da gusto!». No era para menos tras ser recibido con esta obsequiosa pregunta: «Ministro, ¿cómo hacen frente a la campaña de intoxicación en marcha?». Lo pillan mintiendo y la ‘bien pagá’ no le dice ni pío. Todo «por un puñao de parné», como en la copla despechada de Miguel de Molina.