Editorial-El Correo

El Gobierno sufrió ayer una derrota, la del decreto con el escudo social que incluía la revalorización de las pensiones para 13 millones de españoles, que desnuda de nuevo su minoría; y la victoria, de la mano de toda la Cámara menos Vox, en las ayudas en el transporte. Casi al tiempo, el Consejo de Ministros aprobaba la regularización de medio millón de inmigrantes sin papeles pactada por el PSOE con Podemos; por la vía de otro decreto, este sin paso obligado por la Cámara baja.

La jornada retrató a un Ejecutivo entrampado por su precariedad, mientras Pedro Sánchez insiste en la reprobable estrategia de subsumir en una iniciativa ómnibus un capítulo tan sensible como las pensiones, en la temeraria confianza de que nadie se atrevería a tumbarlas. Que el presidente haya sacado del cajón un decreto ‘ad hoc’ para la regularización migratoria alienta la insidiosa sospecha de que ha utilizado otro asunto delicado para atar a Podemos y que se avenga a negociar, a cambio, la cesión de competencias en la materia a Cataluña como exigen los de Puigdemont. Ni pensionistas ni inmigrantes merecen que su suerte penda de los cambalaches de interés de un Gobierno atenazado.