Juan Carlos Girauta-El Debate
  • Al medio millón de extranjeros se les regulariza para que nunca abandonen España, aunque delincan gravemente. Los obispos así lo reclaman y la extrema izquierda (otra no hay) también. Serán dos millones en realidad por mor de la reagrupación familiar. ¡Empieza el penúltimo capítulo de la Desconquista

Vamos por once millones de extranjeros en España. Si seguimos al ritmo actual, los veinte millones se alcanzarán poco después de empezar la próxima década. Al acabar, la mitad de la población española no será española. Nos despertarán los almuecines, desaparecerán las cruces, las catedrales se habrán convertido en mezquitas. En tal tesitura, y siendo el islam expansivo, agresivo y excluyente, es bastante probable que se cumplan al pie de la letra las profecías que Michel Houellebecq dejó en la novela Sumisión.

Recuerden. Profesores universitarios someterán sus programas al filtro de comisarios musulmanes y comprenderán las ventajas, en remuneración y poligamia, de convertirse. La mayoría lo hará desde el ateísmo. Los menos, desde un borroso catolicismo cultural, toda vez que nuestra religión se ha mostrado, en la posmodernidad, menguante, tibia, y tan inclusiva como para reclamarse madre de esta regularización de efectos deletéreos. Y rápidos. Sobre todo si nos orientamos por el tiempo que tomó la Reconquista.

¿Está sonriendo el lector cuando lee ‘Reconquista’? No, no lo haga. El tiempo despiadado dirá la verdad, en vida, a los nuevos entusiastas de la rendición preventiva, a los acogedores huéspedes de sus sepultureros. La caída en el relativismo se la pueden permitir muchos. Yo no me la permito por tozudez, la ascendencia aragonesa, pero entiendo que la gente se sube a lo que hay. La palabra verdad está mal vista, ya casi nadie cree que exista tal cosa. Somos Pilatos. Es el resultado de varios relativismos sumando sus fuerzas y operando en manada sobre nuestra percepción del mundo, nuestro raciocinio y nuestra medida del bien y del mal, tan difusa. Son los relativismos, respectivamente, cultural, cognitivo y moral.

Lo que puede llegar a provocar en una masa descreída e inerme la llegada de millones de nuevos agentes inmunes al relativismo es inimaginable. Y solo descriptible en términos apocalípticos, lo que sigue haciéndolo inimaginable tratado en el foro o el ágora. Los nuevos agentes no tienen prisa, pero la matemática del crecimiento geométrico sí. Y ese es el tipo de crecimiento que exhibe la población magrebí, lo que haría las delicias de Malthus, al que habría que animar después de ver cómo crece la población autóctona: negativamente. Superados los diez millones, le tomará al muslime mucho menos tiempo llegar a los veinte, y así sucesivamente.

Alcanzada la masa crítica, ¿por qué iba a dejar de aplicarse la sharía cuando lo exija la media España más activa y motivada, más convencida y dispuesta a la lucha? ¿Por qué iba a seguir respetándose nuestro ordenamiento, impregnado de principios, derechos y libertades absurdos o insultantes para los nuevos pobladores de España? ¿Igualdad ante la ley, libertad de expresión, escuelas mixtas? ¡Anda ya!

Al medio millón de extranjeros se les regulariza para que nunca abandonen España, aunque delincan gravemente. Los obispos así lo reclaman y la extrema izquierda (otra no hay) también. Serán dos millones en realidad por mor de la reagrupación familiar. ¡Empieza el penúltimo capítulo de la Desconquista, despiértate! ¿Tú que piensas hacer?