Iñaki Ezkerra-El Correo

  • Un posible seguro de vida para Sánchez habría sido negociar su salida con Feijóo

La palabra ‘rehenes’ se ha puesto de moda. Sánchez acusa a Feijóo de tomar como rehenes a los pensionistas para forzarle a desistir de las medidas contra los desahucios y Feijóo acusa a Sánchez de lo mismo por meter ese denominado ‘escudo social’ en el mismo saco de la actualización de las pensiones. Con esta grosera maniobra, que es la misma que hizo el pasado año por estas mismas fechas, Sánchez ha demostrado que es rehén de sus viejas tácticas y su forma tramposa de entender la política. Como es rehén de los antisistema que tiene comos socios y avales parlamentarios o de los nacionalistas catalanes y vascos.

Se ha dicho que Sánchez permanece parapetado en La Moncloa por mera supervivencia y porque esas paredes son las únicas que le pueden proteger del cerco judicial que le rodea. Le protegerían por su estatus de aforado, que desvía cualquier causa contra él al Supremo; por su capacidad de maniobra parlamentaria y sus tentáculos tanto en la Fiscalía y en la Abogacía del Estado como en el Tribunal Constitucional, todo lo cual se vendría abajo si convocara unos comicios. Sin embargo, el blindaje monclovita no es la gran solución a sus males empezando por que tiene fecha de caducidad.

Lo más parecido a un verdadero seguro de vida habría sido negociar su salida con Feijóo, como hicieron entre bastidores todos sus predecesores con los respectivos jefes de la oposición; esto es, haciendo valer el tradicional lema de ‘presidente no come presidente’. Un lema no escrito que han respetado todos hasta la fecha. Aznar no abrió nuevas causas contra Felipe una vez que tuvo todo el aparato del Estado en sus manos. Del mismo modo, Zapatero no las abrió contra Aznar por inclemente que fuera la batalla electoral que concluyó el 14-M de 2004. Rajoy tampoco las abrió contra Zapatero ni Sánchez contra Rajoy. Entiéndase, estamos hablando de presidentes de gobierno que dejaron tras su paso, sin excepción, una estela de casos de corrupción que, en manos de un sucesor implacable, podrían haberse convertido en privilegiados instrumentos de personal acoso y derribo.

Siguiendo el citado lema, también Sánchez podría haber intentado a estas alturas acordar una salida airosa. ¿Por qué no lo ha hecho cuando podía y antes de que fuera demasiado tarde para eludir un desenlace penal que va camino de hacerse inevitable? ¿Son los nacionalistas los que, haciéndose los escrupulosos y los distantes, así como jugando con la mezcla de ignorancia y osadía del personaje, le disuadieron de ello manteniéndolo en el poder a la manera en que se mantiene a un rehén?

Presidente no come presidente. Pero él se ha comido a sí mismo mientras el aldeano tira la piedra, esconde la mano y da lecciones de ética a todos sus rehenes, que somos nosotros.