Editorial-El Correo

  • Sánchez debía haberlas arropado en el funeral por el siniestro de Adamuz para demostrar que su gestión de la crisis no es comparable a la de Mazón

El funeral religioso celebrado ayer en el Palacio de Deportes Carolina Marín de Huelva ha sido el primer gran gesto de duelo por las 45 personas fallecidas hace casi dos semanas en el accidente ferroviario de Adamuz, la mayoría procedentes de la provincia onubense. Oficiada por el obispo Santiago Gómez Sierra, la misa se convirtió en un emotivo abrazo colectivo a las víctimas y sus familiares, muchas con secuelas aún visibles del siniestro. A pesar de la crispación entre PSOE y PP, la ceremonia reunió a una nutrida delegación institucional para trasladar un más que necesario mensaje de consuelo a los damnificados, dolidos también al desconocer aún las causas del descarrilamiento. Presidido por los Reyes, que volvieron a hacer gala de una sentida empatía con los afectados, como ya hicieron en el homenaje de Estado por la dana de Valencia, el acto contó con una representación del Gobierno, encabezada por la vicepresidenta primera, María Jesús Montero, y los ministros Ángel Víctor Torres y Luis Planas. También acudieron el presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, y el líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, entre otros.

A su término, se sucedieron las expresiones de apoyo con los damnificados, también en el caso de los ministros, aunque en menor medida. En un auditorio con 5.000 personas, el oficio se desarrolló con un absoluto respeto hacia los cargos del Ejecutivo de Pedro Sánchez -el formato religioso facilitó a Montero y Feijóo ‘darse la paz’-, a diferencia de la indignación desbordada en el recuerdo a las víctimas de las inundaciones de Valencia. Tensión que desembocó en insultos a Carlos Mazón que precipitaron su final.

Un homenaje tan trascendental como el vivido ayer en Huelva interpela directamente al presidente del Gobierno y a su ministro de Transportes, Óscar Puente, los dos grandes ausentes. Estar a la altura tras el accidente no sólo consiste en dar explicaciones públicas y capear las peticiones de dimisión. Es también arropar a los que sufren y ayer Sánchez evitó sumarse al primer gesto de cercanía con las víctimas de Adamuz por miedo a un ‘efecto Mazón’ y para evitar que el funeral se convirtiera en una especie de ‘venganza’, como miembros del PP deslizaban sin rubor. Precisamente, debía haber participado para demostrar que la forma con la que su Gobierno gestiona la crisis ferroviaria no es comparable al ‘Ventorro’ de Mazón. El esclarecimiento de la verdad incluye estar siempre con las víctimas para entender su dolor.