Marisol Oviaño-Vozpópuli
- Aquí nadie es responsable de nada; sólo sabemos que la factura correrá de nuestra cuenta
El cuerpo me pedía escribir sobre la regularización de inmigrantes ilegales, pero como eso es lo que quiere Sánchez, lo dejaré para otro día. Tiempo habrá para hablar de ello, las cortinas de humo de los guionistas de Moncloa no nos van a distraer; seguiremos escribiendo sobre lo que pasó en Adamuz porque ya es lo único que podemos hacer por las víctimas y sus familias.
Hasta el 18 de enero, el relato era omnipresente, omnipotente e incontestable. A pesar de que los sueldos no dan para pagar el alquiler, éramos el cohete de la economía europea. También se nos invitaba a enorgullecernos de nuestras energías renovables, aunque muchos no puedan encender la calefacción y los enfermos electrodependientes vivamos con miedo al siguiente Apagón. Del anterior, nadie es responsable; sólo sabemos que la factura correrá de nuestra cuenta, que Aaegesen continuará siendo vicepresidenta tercera y ministra para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico —que es como ser ministra para la Velocidad y el Tocino— y que Beatriz Corredor seguirá presidiendo RED y cobrando medio millón de euros al año. Por su parte, el ferrocarril español estaba viviendo su edad de oro, y si te quejabas en las RRSS de que tu tren había salido con hora y media de retraso o te había dejado tirado en medio de la nada, Óscar Puente te bloqueaba. A mí me bloqueó cuando subí a X un pantallazo en el que mi hijo me contaba por guasap que, un día más, había tardado dos horas en hacer 40 kilómetros en Cercanías.
Aunque nos ha mentido unas cuantas veces para autoexculparse, el ministro pretende que aplaudamos su gestión de la crisis tras el accidente y que no hagamos preguntas sobre las causas porque “el riesgo cero no existe”. De hecho, el jueves llegó a afirmar en el Senado que el PP pide su dimisión porque le molesta que lo haga tan bien; no debe de tener abuela el hombre. Y mientras él se felicitaba a sí mismo por su extraordinario trabajo, todos nos estremecíamos con el inmenso discurso de Liliana Sáenz en el funeral de Huelva, quien, sostenida por la fe, exigió responsabilidades y se dolió de la polarización
Cogida con alfileres
El descarrilamiento del Iryo y el Alvia ha arrollado al relato y ha dejado la realidad a la vista: España está cogida con alfileres. Y los ingenieros, impermeables a la ficción monclovita, han puesto pie en pared. Ignacio Barrón, presidente de la CIAF (Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios), ha explicado que todo apunta a la falta de inversión en la red ferroviaria: “Los mantenimientos no se inauguran y las mercancías no votan”. Es decir, que el dinero se invierte en aquello que sirve para hacerse la foto y ponerse medallas. Ya nos dirá la Justicia si, tal y como parece, también ha habido corrupción.
Tras años de ser ninguneados por políticos mediocres e ignorados por la prensa apesebrada, los técnicos —que en el showbusiness dan menos juego que Ábalos y Óscar Puente—, al fin tienen un altavoz en los medios y están contando cuál es la terrorífica situación. A raíz de Adamuz, muchos españoles están denunciando en las RRSS el estado de las carreteras; y Jesús Contreras, ingeniero de caminos y vocal de la Asociación Caminos (Asociación de Caminos, Canales y Puertos y de la Ingeniería Civil), nos avisó el otro día de que no son sólo los trenes y las carreteras: el 60% de las presas españolas necesitan una actuación de mantenimiento urgente.
Pero no es un problema de dinero, pues María Jesús Montero sabe cómo batir récord de recaudación cada año. Para propaganda, redes clientelares y chiringuitos varios nunca falta. Tampoco para pagar los chantajes de independentistas catalanes y vascos —casi llegas a desear que en las próximas elecciones ganen la Orriols y Bildu—. Ni para la compra de votos: Elma Sáiz, ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones —la de palabras que necesitan para todo— presumía hace unos meses de que el IMV llega a unos 800.000 hogares.
Sin moverse del sofá
Como el de esa joven de Castilblanco (Sevilla) —a la que la policía y el ayuntamiento acusan de traficar con drogas y conducir sin carnet— cuyo caso se ha viralizado porque cobra 1400€ de IMV. Como ella misma afirma en el vídeo, la comida la pone Cáritas y, probablemente, también tendrá bono social, becas de comedor, libros y excursiones para sus hijos. Sin moverse del sofá, gana más que la mayoría de los trabajadores españoles, que son quienes le pagan la vida padre. Como ella, hay miles y miles de personas que, a pesar de haber tenido el mismo derecho que tú y yo a educación y formación profesional gratuitas, cobran por no pegar palo al agua. Y, aun así, nos quieren convencer de que necesitamos más inmigrantes.
Y mientras los trabajadores se desloman para mantener a tanto vulnerable, los tripulantes de las narcolanchas disparan contra la Guardia Civil, amarran en playas y ríos aguardando a que amaine el temporal y se mueven sin miedo a la Benemérita porque se saben impunes. Y entonces comprendes que hay que demolerlo todo y empezar de cero.