Ignacio Camacho-ABC
- Aldama es para el sanchismo una bomba con patas. Pero ya es hora de que la Justicia le conmine a mostrar sus cartas
Si Aldama tiene de verdad un sobre con pruebas de financiación irregular del PSOE, lo que de verdad tiene es la legislatura en sus manos. Ésa era, al menos, la teórica línea roja (topicazo) donde los aliados de Sánchez han fijado de boquilla la continuidad de su respaldo; otra cosa será que si se da el caso no encuentren alguna excusa –el ‘malmenorismo’ que dice Rufián– para seguir sosteniendo el mandato. Pero sería difícil de cualquier modo que Pedro lograse remontar un escándalo que una los dineros del partido con pagos, por ahora presuntos, del petróleo venezolano. Por eso el célebre intermediario se hace de rogar con el ‘convoluto’ de marras y quiere un pacto antes de entregarlo. Y ese acuerdo puede ser con la Fiscalía Anticorrupción… o con el probable damnificado, que dispone de todos los recursos del poder para convencer al testigo de cargo de la conveniencia de mantener los dichosos papeles a buen recaudo, toda vez que él mismo está imputado de suficientes delitos para pasar encerrado unos cuantos años.
En este juego de tahúres no está nada claro quién tiene más bazas guardadas. La UCO acertó de lleno cuando en sus primeros informes, los que sacaron a la luz los indicios de una estructura de mangancia organizada, calificó de «nexo corruptor» a Aldama. En él confluyen de una u otra manera todas las tramas. A saber: la de hidrocarburos; la de Ábalos y Koldo, con las ‘sobrinas’ colocadas en empresas ferroviarias, el piso de la plaza de España y el chalé de la costa gaditana; la de las mascarillas; la de Cerdán y sus contratas; la de Leire y sus cañerías subterráneas; la de las finanzas orgánicas; la de los rescates de Air Europa y Plus Ultra, con sus salpicaduras de sospecha sobre Zapatero y Begoña; la de Delcy y las maletas de Barajas. Salvo en el enchufe del hermanísimo David Azagra, su sombra de conseguidor se proyecta sobre la trastienda del sanchismo como una inquietante amenaza. Como una bomba con patas.
El problema es que de momento amaga más que golpea. Lógico si se contempla el horizonte penal que le acecha; sabe que vale más por lo que calla que por lo que revela y tiene que jugar sus cartas sin perder de vista su propia defensa. Eso sí, las escasas denuncias concretas que ha vertido a cuentagotas en los tribunales o en la prensa se han demostrado ciertas, aunque relativamente inocuas, a modo más de intimidación que de acometida directa. Queda por ver si de verdad desea colaborar con la Justicia –a cambio de inmunidad o de rebajas de condena– o se está cachondeando de ella a base de administrar los tiempos con expectativas confusas, conjeturas hipotéticas, fanfarronadas efectistas y ruidosas aseveraciones sin pruebas. La historia del sobre no admite tintas medias: o es falsa o es verdadera. Y por su gravedad quizá merezca que el juez o el fiscal pierdan la paciencia si no accede a ponerla de una vez sobre la mesa.