Ignacio Marco-Gardoqui-El Correo

  • Romper el principio de solidaridad, abollar el de igualdad e imponer la ordinalidad no es suficiente para Junts

No creo que a nadie le haya extrañado el singular parecido de la respuesta conjunta de las patronales catalanas con la formulada previamente por Junts. Todas las patronales catalanas, es decir tanto Foment, como la Cambra, el Cercle D’Economia, la Fira, Femcat, Economistes, Barcelona Global y RACC han presentado una declaración conjunta a la propuesta de financiación acordada entre ERC y el Gobierno central, que fue recibida con matizado entusiasmo por las huestes de Junts. A estos no les parecen tan malas las ideas allí expuestas, lo que les parece fatal es que las hayan expuesto y conseguido antes los compañeros/adversarios de ERC. A las patronales, por su parte y como era de esperar, no les gustan las estrofas, pero sí el estribillo. Estamos en lo de siempre: ‘La propuesta –dicen– es un buen punto de partida, pero… insuficiente y mejorable’. ‘No colma las aspiraciones legítimas, pero… puestos a elegir entre el pájaro en la mano y los cientos volando –dicen– de momento, dame el pájaro que tengo en la mano y mientras yo trato de cobrar alguno de los cien que todavía vuelan’.

Desde luego, prefieren que se les caigan las muelas antes que reconocer que la propuesta era suficiente. Una propuesta que por su generosidad hacia Cataluña ha recibido la oposición rotunda de todo el resto de España y la negativa sin matices de las comunidades autónomas gestionadas por el PP, y no se olvide de las administradas por el PSOE que, en esto, han ido de la mano.

Romper el principio de solidaridad, abollar el de igualdad e imponer la ordinalidad no es suficiente. ¿Hay algo que lo será? Probablemente no. Se podría intentar la rotura en pedazos de la Agencia Tributaria o la cesión parcial de la capacidad normativa –digo parcial, porque tendría que ser completada siempre con la prohibición a la Comunidad de Madrid de hacer uso de la parte ya cedida, para evitar supuestos agravios comparativos y presuntos dumpings fiscales–. Se podría también intentar el traspaso al Govern de la cuantificación unilateral del ejercicio de la solidaridad previsto en el acuerdo y usado como excusa para manifestar su bondad. Pero ni así es probable que se considerase suficiente. Todo el proceso de traslado de competencias siempre se ha hecho –y tanto en el caso catalán como en el vasco– con la salvedad incluida y aclaratoria de que esta aceptación no supone la renuncia a los derechos que puedan corresponder a la autonomía en virtud de su respectivo Estatuto.

Todo esto está muy bien y les da mucho gusto a la multitud de organismos autonómicos, regionales y locales que pueblan nuestra geografía y a los millones de funcionarios que se cobijan en sus poblados despachos, pero no deberíamos olvidar que la causa más citada a la hora de explicar la escasa dimensión de las empresas españolas siempre aparece la de la escasa dimensión del mercado accesible. Las empresas españolas son pequeñas porque lo es también el mercado accesible. Y los meritorios casos de las empresas que han triunfado lo han hecho siempre porque han roto amarras y se han expandido por el mundo, más allá de nuestras fronteras, en busca de mercados de mayor dimensión.

Es indudable que las comunidades autónomas, con su peculiar y acaparador desarrollo normativo, suponen un freno a la expansión del mercado. Así que, ahora, el troceo de la Hacienda y, sobre todo, el de la capacidad normativa fiscal, solo puede acarrear más división del mercado, mayor ruptura y la aparición de nuevas trabas para la actividad económica. Caminamos exactamente en la dirección contraria a la conveniente. Eso si, vamos a muy buen ritmo…