Javier Fernández Arribas-El Correo

  • El pacto con India representa una advertencia seria a Trump y una exigencia de respeto

Unas decisiones y actuaciones por parte de la Unión Europea indican un cierto despertar como gran organización multinacional que es, una de las grandes potencias comerciales del mundo. Con un hándicap, porque la UE era un gigante económico pero un enano político. Con un gran objetivo cumplido, evitar una tercera guerra mundial porque Francia y Alemania superaron odios ancestrales con el eje París-Berlín en el marco aliado de la OTAN con el gran hermano americano garantizando y costeando la seguridad y la defensa.

Donald Trump ha acabado con ese estatus a base de aranceles y desprecios. Y los europeos han tenido que caerse del guindo de sus egoístas jardines y ponerse al día de lo que exige un mundo actual sin el orden internacional conocido en las últimas décadas y con un gran gendarme que ordena y manda apabullando a sus amigos y castigando a sus enemigos. Siempre pensando en sus propios intereses del ‘America first’.

Líderes tan narcisistas como el francés Emmanuel Macron se convencen de la necesidad de conjuntar más y mejor a una Unión que pase a la acción y salga de esa crisis de buenismo y regulaciones para competir en todos los escenarios. Casi sin complejos porque internamente tiene que superar las subvenciones excesivas, la falta de competitividad e incrementar la productividad ajustando el estado del bienestar para conservarlo en el futuro. El gran acuerdo con India representa así un punto de inflexión, una advertencia seria a Trump y una exigencia de respeto.

Este aspecto es fundamental, que la propia UE se gane el respeto internacional por su coherencia, por su potencia y por decisiones solventes para fortalecer su unidad en beneficio de los intereses de todos. No es fácil. Lo vemos en el acuerdo con Mercosur con los agricultores en contra que demandan la protección de siempre. Son muchos votos. India, Mercosur y también resoluciones políticas relevantes como colocar a la Guardia Revolucionaria de Irán como grupo terrorista y apoyar el plan de autonomía para el Sáhara bajo soberanía marroquí siguiendo la resolución de la ONU.

Son pasos frente a la cruda realidad que afronta el mundo. Atención al impulso del eje Berlín-Roma, con la decisión trascendente para la industria del automóvil clave para la economía europea y con el planteamiento de una relación negociada con Trump, sin ir al enfrentamiento. El canciller alemán, Friedrich Merz, lo plantea muy claro: Europa seguirá tendiendo la mano a EE UU para cooperar, pero no como subordinados, porque la UE ha demostrado en las últimas semanas que puede ser una potencia al abrirse a nuevos aliados, y oponerse a Trump.