Juan Carlos Viloria-El Correo

  • La parodia sobre el accidente de Adamuz y los límites del humor en contextos de tragedia

Sostiene Gabriel Rufián que hacer una parodia de la tragedia de Adamuz con 45 fallecidos en el choque de los trenes es un rasgo de valentía. Eso dijo en un tuit a raíz del ‘caso Quequé’, («Ojala no saliera tan caro ser valiente»). El presentador Iñaki López también se sumó al apoyo al cómico («Necesitamos reírnos más. Vuelve pronto, querido»). El controvertido cómico Quequé es Héctor de Miguel, quien en el programa radiofónico ‘Hora Veintipico’ de la Ser, en los momentos más oscuros de la catástrofe ferroviaria, parodiaba la cobertura informativa del accidente por el periodista Nacho Abad en el canal Cuatro de TV. Disfrazándose con el aspecto del colega, a quien no le debe guardar mucha simpatía, Quequé, remedaba la conexión con el lugar de la catástrofe: «Adelante cadáver del tren» (con la música del ‘Cara al sol’ de fondo). O «Iker Jiménez, a ver si este encuentra cadáveres en algún sitio». O «¿Quién mata más, los trenes o los menas?».

El ‘sketch’ provocó una oleada de críticas en redes sociales y un intenso debate sobre los límites del humor en contextos de tragedia. Quequé anunciaba poco después su retirada temporal de la radio. Los adalides del derecho a reírse de todo, los que defienden el derecho a la sátira o la burla, incluso en situaciones de alto impacto emocional, ¿también se reirían de los muertos en Gaza o en los kibutz? ¿O de chistes de la violencia sobre la mujeres o las minorías ? En ese caso es seguro que el ‘wokismo’ , que no tiene precisamente mucho sentido del humor, los hubiera cancelado instantáneamente.

A mí, la parodia me pareció de todo menos graciosa; uno más de los espacios de humor progre que zarandean con un discutible cachondeo todo lo que provenga del campo conservador. La música del ‘Cara al sol’ de fondo en el ‘sketch’ de Quequé no deja lugar a dudas de la (mala) intención. Pero al humorista de la radio igual se le fue la mano en un clima de polarización social y política y que ha parasitado a muchos profesionales del humor y les ha obligado a elegir bando y rozar todas las líneas rojas que separan el humor del odio.

El conflicto entre humor y respeto a las víctimas en situaciones de tragedia ha alcanzado estos días a la legendaria y también víctima revista francesa ‘Charlie Hebdo’, uno de cuyos dibujantes ha sido denunciado a raíz del incendio del bar Le Constelación en la estación suiza de Crans-Montana, por una viñeta en la que se ve a un esquiador con la cara chamuscada y la leyenda: «Los quemados hacen esquí». El denunciante de las indignadas familias recuerda que la caricatura transforma una tragedia en espectáculo cómico, en desprecio de la violencia sufrida por las víctimas. Y solo cabría una excepción si la caricatura tuviera un valor cultural, artístico, científico o informativo. No chabacano, inculto y vulgar.