José María y Rubén Múgica:
- «Se ha pasado la página del terrorismo tan rápido que no ha dado tiempo a leerla. Y si no sabemos lo que pasó aquí durante más de 40 años, nos estaremos equivocando»
A. González Egaña-El Correo
La acera de la calle San Martín está mojada, llueve en Donostia igual que aquel fatídico 6 de febrero de 1996, hace treinta años, cuando dos terroristas de ETA asesinaron al abogado e histórico socialista Fernando, ‘Poto’, Múgica Herzog. Dos de sus hijos, José María y Rubén Múgica, dirigen sus pasos desde el despacho de abogados de la calle Prim, donde los tres trabajaban, para caminar los mismos últimos cien metros que recorrió su padre aquel mediodía cuando se marchó a comer y se topó con los terroristas Xabier García Gaztelu, ‘Txapote’, y Valentín Lasarte. Lo asesinaron de un tiro en la cabeza. «ETA perseguía a todo el que, como nuestro aita, se oponía a su delirio totalitario. Pensamos durante mucho tiempo que en cualquier momento podía ser asesinado. Y al final sucedió», evocan.
–¿Evitan pasar por este lugar?
–Rubén Múgica: Yo, durante años, este tramo de acera de San Martín, lo evité. Sin embargo, desde que colocaron la placa en su memoria, en 2021, paso con frecuencia. Hago el mismo recorrido que hizo mi padre durante décadas… No tengo ningún problema en pasar y ver la placa. Y cuando la veo, recuerdo aquel día y que los asesinos de mi padre, uno de ellos murió, se suicidó desde su desesperación, y los otros, la mayoría están en la cárcel. Hay uno, Valentín Lasarte, que vive en la ciudad y en ocasiones suelo cruzármelo y siento un profundo asco.
–José María Múgica: Yo esta acera sí la evito. Es muy duro. Voy por la acera de enfrente que es justo por donde yo iba aquel día.
–Salió casi a la vez que su padre del despacho. ¿Cómo fue?
–J. M. M.: Había quedado con mi mujer aquí al lado, a 30 metros. Yo me despedí de mi padre y él salió por la calle de San Martín. Yo estaba en la otra acera y llegó un momento, a mitad de la calle, que oí como un petardo. Recuerdo que salí detrás de los terroristas porque no sabía quiénes eran, pero vinieron hacia donde estaba yo. Me sacaron la pistola, me amenazaron y cuando se fueron, miré y me encontré a mi padre muerto en la acera de enfrente. Así fue, un espanto memorable.
–El terrorista que le amenazó era Valentín Lasarte. ¿Qué le dijo?
–J.M.M.: Quítate que te voy a matar. En ese momento, te paras, claro. ¿Qué vas a hacer con un tío que te saca una pistola…?
–¿Usted también se ha topado con él por la calle?
–J.M.M.: No que haya sido consciente, soy mal fisonomista. Pero si me pasara no sé lo que le diría. Seguramente, le gritaría asesino.
–¿Fue él quien le encañonó?
–J. M. M.: (asiente)
–R.M.: Valentín Lasarte no solo asesinó a nuestro padre, está condenado por haber asesinado al menos a otras 6 o 7 personas en esta ciudad. Llamarle asesino por la calle es lo menos que se le puede llamar a quien efectivamente es un asesino, y como tal tiene que ser tenido y recordado.
–¿En su caso, Rubén, cómo lo vivió?
–R.M.: Había sido un martes normal de trabajo en el despacho. Recuerdo que la mitad de esa mañana había estado con abogados, cerrando acuerdos para un pleito. Una mañana completamente normal. Y a las dos menos veinte se fue a comer a casa. Yo salí 5 ó 10 minutos después. Y al llegar me encontré la escena. Me dijeron que mi padre acababa de ser asesinado. Estaba lleno de policía, ambulancias… lo que se veía entonces en la tele tras un atentado, pero viviéndolo en primera persona y siendo coprotagonista absolutamente involuntario e indeseado de aquello.
–¿Habían pensado en algún momento que podía llegar a pasar? ¿Lo hablaban con él?
–R.M.: Lo pensamos durante muchísimo tiempo porque al final no había más que hacer una reflexión: que ETA era una organización criminal que perseguía a todo aquel que se oponía a su delirio totalitario, a todo aquel que le hacía frente o que pudiera hacerle frente. Y como nuestro padre era una de esas personas, en cualquier momento podía ser asesinado. Y al final sucedió. No es algo que nos cogiera en absoluto por sorpresa.
–J.M.M.: Incluso había habido antecedentes hacía años. Él era consciente de que eso podía suceder. Había una sensación general de que eso podía pasar, y pasó.
–Su madre, Mapi de las Heras, se enteró por las noticias de la radio cuando regresaba a Donostia en coche. ¿Les ha contado detalles de aquel momento?
–J.M.M.: En casa, del asesinato del aita la verdad es que hemos hablado poco, excepto ese mismo día o los primeros días. No hemos vuelto a hablar más. La ama venía de Pamplona, de una revisión médica, se enteró por la radio a la altura del peaje de Irurzun. Y llegó a la ciudad como buenamente pudo.
–¿Cómo ha sido el camino de 30 años hasta llegar al día de hoy, cómo han vivido la ausencia provocada de un modo tan violento?
–R. M.: Para mi madre, para mis hermanos y para mí fue una pérdida traumática, cruel. En eso somos como el común de las víctimas del terrorismo. Nos hemos repuesto, si la palabra es esa, como hemos podido, y en nuestro caso sin más apoyo que las creencias que ya teníamos antes del asesinato, que eran las que tenía Fernando, que hemos ido alimentando y consolidando en estos 30 años.
«Me sacaron la pistola y Lasarte me dijo: ‘Quítate que te voy a matar’. Se fueron, miré y vi a mi padre muerto en la acera»
José Mari Múgica – Hijo de Fernando Múgica
–J.M.M.: Aquello fue una tragedia y una tragedia solo se puede vivir como una tragedia. Y pasan 30 años y sigue siendo una tragedia.
Testigo del asesinato
–¿Después del asesinato sufrieron el rechazo de parte de la sociedad donostiarra?
–R. M.: Sí y yo creo que aquí hablo por todos en mi familia. Hemos vivido, desde luego, en un contexto de apartamiento. Lo que ha provocado el terrorismo en esta tierra durante décadas es el miedo, un miedo espeso, mugriento. Muchísimos ciudadanos tenían reparo en juntarse o dejarse ver con gente que estuviera señalada o gente que hubiera sido víctima del terrorismo. No hay, desde luego, ningún reproche en esto que estoy diciendo, me parece enteramente normal, pero sí lo hemos vivido, como otras muchas víctimas del terrorismo.
El día del entierro fui a tomar un café a un bar de Gros y el camarero me puso el Egin en la cara para que viera el titular del atentado
Rubén Múgica – Hijo de Fernando Múgica
–¿Tienen grabado en la memoria alguno de esos momentos?
–R.M.: El día del entierro de mi padre, el 7 de febrero, salí con unos amigos del cementerio de Polloe, fuimos a tomar un café a un bar del barrio de Gros, no diré cuál porque sigue abierto, y recuerdo que cuando me acerqué a la barra y pedí los cafés, el camarero, que tenía el Egin en la barra, me lo puso delante de las narices para que viera el titular «ETA mata a Fernando Múgica». Me pareció un acto fingidamente ofensivo que consiguió el efecto de darme la risa. Es uno de tantos ejemplos. Nosotros hemos tenido la suerte, entre comillas, de vivir en una ciudad como San Sebastián, donde uno todavía podía moverse por lugares donde sabías que había menos personas afines al terrorismo. Pero en pueblos y en localidades pequeñas ha generado auténticos dramas silenciosos y de asfixia social.
–J.M.M.: Había gente que se daba la vuelta. Me daba la espalda y lo hacía deliberadamente. Eso pasó y pasó mucho.
Rechazo social
–¿Pensaron en marcharse de San Sebastián?
–J.M.M.: En gran parte lo hizo mi familia. Mi madre se fue, mis hijos cuando pasaron los años, también. Mi hermano Fernando y sus hijos… En San Sebastián nos quedamos Rubén y yo. Sí, porque se produce una situación de absoluto hartazgo. Y tendríamos que preguntar si este pasar página, lo hemos hecho bien o mal.
–¿Qué cree usted?
–J.M.M.: Creo que lo hemos hecho muy mal. Porque se ha pasado la página sin leerla. O se ha pasado tan rápido que no ha dado tiempo a leerla. Y si no sabemos lo que ha pasado aquí durante más de 40 años, creo que nos estamos equivocando.
«Para mi madre, para mis hermanos y para mí fue una pérdida traumática, cruel. En eso somos como el común de las víctimas»
Rubén Múgica – Hijo de Fernando Múgica
–R.M.: Ahora que se van a cumplir 30 años del asesinato de nuestro padre, quiero recordar que mis hermanos y yo hemos tenido escolta policial durante 16 años, desde pocos días después del asesinato de Fernando. Por decir, ya entonces, desde el mismo día del atentado que queremos que se aplique la ley, que no queremos nada excepcional, que los terroristas sean localizados, detenidos, juzgados y encarcelados. Y queremos también que el brazo político de los terroristas sea objeto de la persecución del Estado de Derecho. Por decir aquello, pagamos ese precio social en esta ciudad. Y hoy vemos que aquello que decíamos simplemente se produjo, se acabó con el terrorismo. Y lo que simplemente hacemos hoy es reivindicar que con aquello que decíamos, –que para muchos eran unas palabras belicosas, agresivas, incompatibles con no sé qué, resultado del odio, de la visceralidad, de la radicalidad y del rencor– solo pedíamos que se hiciera lo que se ha hecho, que ha sido lo único que funcionó para acabar con la banda terrorista.
–¿Cómo era el Fernando padre?
–J.M.M.: Era un padre estupendo, un padre exuberante, tenía una gran fe en la vida, una gran ilusión por la vida. Y yo creo que siempre nos llevó por el buen camino de ese optimismo, de esa exuberancia, esa razón de ser.
–Su aita también fue un luchador por la libertad…
–J.M.M.: Toda su vida fue un antifranquista, diría casi visceral, y un antinazi. Y eso no se puede olvidar nunca. Era un militante por la democracia, por las libertades y simplemente nos condujo, por su forma de ser y por su forma de actuar, a lo mismo. Ese antifranquismo del aita, de nuestro tío Enrique, de toda mi familia, lo vivimos en casa desde niños, con total naturalidad. Cuando llegó la democracia a España, Fernando trabó una primera barrera infranqueable con la gente que aquí justificaba los crímenes de ETA.
«El aita era muy militante, forofo y entusiasta del Partido Socialista. Era su vida. Y eso lo evidenciaba en cada acto y cada gesto»
José María Múgica – Hijo de Fernando Múgica
–¿Cómo recuerdan su faceta socialista?
–J.M.M.: El aita era muy, muy militante, forofo y entusiasta del Partido Socialista. Era su vida. Y eso lo evidenciaba en cada acto, cada gesto, cada expresión, cada reflexión, estuviera con quien estuviera. Era muy fan del Partido Socialista. Y, desde luego, militante con carné desde los años 60. Así hasta el día que lo asesinaron. Esa faceta que al final se junta, la de ser muy militante, muy fan del Partido Socialista, unida a su trayectoria antifranquista y antifascista, no pasó desapercibida para los terroristas. Fernando Múgica era otro enemigo al que había que liquidar. Por su constante, pública y machacona oposición a cualquier forma de imposición y de totalitarismo. Se opuso a Franco y lo pagó con Franco, se opuso a ETA y fue asesinado por ETA.
–¿Cómo ven que muchos jóvenes no tengan apenas idea de todo esto?
–J.M.M.: Eso es una tragedia.
–R.M.: Hay que decirles que en esta tierra, hace 30 años y más, había gente a la que se le perseguía por sus ideas políticas. Que los que perseguían y asesinaban eran unos terroristas que querían imponer un delirio violento y racista. Hay que decir además que en los últimos tiempos ha funcionado la mentira histórica de que ETA fue una organización que nació en contra el franquismo, cuando realmente lo que hizo ETA fue cebarse contra la democracia desde los momentos más frágiles y perseguir y asesinar al disidente político e ideológico.
La familia Múgica y el PSE le recordarán el 7 de febrero en Polloe
Un año más, la familia del histórico socialista y abogado donostiarra Fernando Múgica Herzog y sus compañeros del PSE de Gipuzkoa le rendirá un homenaje en el cementerio de Polloe. El tributo en su memoria, cuando se cumplen 30 años del asesinato a manos de ETA, será el próximo sábado 7 de febrero y tendrá lugar a las 12.00 ante la tumba de ‘Poto’ Múgica, en presencia de la viuda del político socialista, Mapi de las Heras, los tres hijos del matrimonio, José María, Fernando y Rubén, así como los nietos, otros familiares y amigos de la familia. Intervendrá en el acto el hijo menor, Rubén, el exprimer ministro francés Manuel Valls, Adolfo Suárez Illana, hijo del expresidente Suárez, y Nicolás Redondo Terreros. La familia, a diferencia de otras víctimas que deciden en un momento determinado poner fin a los homenajes públicos y reservarse para espacios más privados, no han pensado «en ningún momento» dejar de convocar el acto de memoria en el cementerio. «Sabemos que otras víctimas lo han hecho y como tal, respeto y comprensión, pero en nuestro caso no es algo de lo que ni siquiera hayamos hablado».