Jesús Cuadrado-Vozpópuli
- Asumir la responsabilidad política es el primer paso en la recuperación de la confianza de los ciudadanos.
investigación que le señala, el ministro responsable directo de las deficiencias advertidas que provocaron la catástrofe ferroviaria anuncia en rueda de prensa indemnizaciones para las víctimas. Retrata moralmente a un personaje que está demostrando desconocer el significado de la responsabilidad política. Si tuviera cultura democrática, habría asumido que su dimisión es inevitable. Como señala Pierre Rosanvallon en el clásico El buen gobierno, cuando se produce una conmoción como la vivida, “la dimisión de un ministro, en cuanto figura responsable, devuelve sentido y nobleza a la acción política, así como a la persona en cuestión y al servicio al que está ligada”. Y da a los ciudadanos, empezando por las víctimas, la sensación de que su desamparo o su ira son tenidos en cuenta.
Cuando se rompe el vínculo de confianza entre gobernantes y gobernados, la dimisión es el primer paso para restaurarlo. En su inaudita intervención en el Senado, Puente logró justo lo contrario. Señaló con soberbia “que yo dimita sería injusto”, al tiempo que reconocía la existencia de “elementos sensibles de las vías de Adamuz sin renovar”. Y, con lo conocido sobre el estado de abandono de las infraestructuras ferroviarias, tuvo el cuajo de afirmar que el tren en España se encuentra próximo al riesgo cero. Lo que está demostrando este ministro, en un momento dramático, es una preocupación prioritaria por su carrera política. En una comparecencia más propia de un gamberro, pretendió preservar la marca que se ha fabricado de “hombre auténtico”, sin pelos en la lengua, a lo Trump, y terminó trasladando la de un “hombre ridículo”, incapaz de calibrar lo que dice.
Nunca entenderá algo elemental en democracia: asumir la responsabilidad política es el primer paso en la recuperación de la confianza de los ciudadanos. No ha entendido a las víctimas, que advirtieron en el funeral: “Solo la verdad nos ayudará a curar esta herida”. Cuando los españoles piensan que el accidente podía haberse evitado, es imposible restaurar la confianza si el ministro responsable de la gestión sigue al frente. Que algo tan elemental esté en discusión degrada la democracia española. Los ciudadanos necesitan poder fiarse de sus gobernantes y hacerse una idea tranquilizadora sobre cómo se comportarían ante riesgos y amenazas futuras. Imagina, por ejemplo, una situación grave de seguridad nacional. En fin, a nadie se le ocurriría emplear la imagen de Sánchez y Puente en una campaña de recuperación de la confianza en el tren, hoy por los suelos. Hasta el ministro broncas debería entenderlo. En democracia, dar la cara es dimitir cuando toca.
Fascismo y populismo
Ningún técnico niega lo incontestable. El accidente se produce por el abandono en el mantenimiento de las vías que correspondía al Gobierno. Pero el ministro recurre a la falacia habitual y habla de bulos del neofascismo para esconder su responsabilidad en una catástrofe que ha provocado 46 víctimas mortales. ¿Fascismo? Existe y no es un parque temático, con la Guerra Civil convertida en un supermercado electoral. Son prácticas -hoy muy activas- calificadas como populismo, o directamente como fascismo. Se pueden ver, con retóricas derechistas, en el húngaro Orbán o en Trump, o izquierdistas, en el francés Mélenchon o Sánchez. O en los herederos de ETA. Los fascismos no representan una ideología universal subyacente, se adaptan. En lo que todos confluyen es en la destrucción del Estado de derecho, como demostró Hannah Arendt en Los orígenes del totalitarismo.
La dimisión de Puente es hoy el termómetro para medir la salud de la democracia liberal en España. En el Senado, en vez de pensar en las víctimas que dijeron “los que debieron protegernos nos fallaron”, y en los maquinistas que han confesado tener miedo de subir al tren, se concentró en atizar el odio movilizador de sus fanáticos. Como en toda ideología totalitaria, el sanchismo se apoya en la capacidad de separar a sus seguidores del mundo real. Los accidentes no se estarían produciendo por negligencia en la conservación de las infraestructuras, eso serían bulos del neofascismo, como están repitiendo sus activistas mediáticos. Hay que ser muy fanático para pasar por alto que el dinero que debió emplearse en cambiar traviesas se desvió a comprar votos parlamentarios para seguir en el poder.