Carlos Martínez Gorriaran-Vozpópuli
- Una España que hace más de lo que cabría esperar y otra que parasita y destruye, pero obtiene la atención y el reconocimiento
La famosa división de las dos Españas, que se remonta a la guerra de independencia, ya no pasa por la izquierda y la derecha ideológicas, sino entre gente que avanza con esfuerzo y rémoras mimadas a remolque. Estos días la hemos visto ejemplarmente representada en las vidas de Mariano Barbacid y David Uclés: el segundo y sus bobadas han obtenido mucha más atención pública que el trabajo vital del primero.
La corrupción de la ciencia
Barbacid y su equipo han dado con una posible vía de cura del cáncer de páncreas que ha despertado la admiración y esperanzas mundiales; Uclés ha reventado un simposio-espectáculo sobre la última guerra civil organizado por Pérez-Reverte. A Uclés le llueven las ventas, premios y celebridad, mientras Barbacid anda buscando treinta millones que no tiene para pasar a ensayos clínicos en humanos; hay que recordar que, según la UCO y fiscalía, los últimos gestores del CNIO malversaron veinticinco en el centro de Barbacid y su equipo. Pocas comparaciones dan una imagen más precisa de la España actual y su caída en los infiernos públicos: nada es sagrado ni está a salvo de la corrupción del crimen político organizado, e interesa más la estúpida bronca guerracivilista que la cura del cáncer que mata a millones.
Mariano Barbacid es bastante conocido y mucho antes que Uclés, pero quizás más por su rostro coloreado y sus avatares laborales que por su trabajo como investigador. La fama que consiguió en Estados Unidos animó a Aznar a traerlo a España con el irresistible mandato de encomendarle la dirección del nuevo CNIO (Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas), creado en 1998 como uno de los buques principales de la maltratada armada científica española. Y allí Barbacid tuvo que enfrentar una de las maldiciones del sistema científico y universitario español: la confusión de la ciencia con tareas administrativas que deberían encomendarse a gestores profesionales, liberando de la burocracia y sus trabas enfermizas a los investigadores.
Meta difícil, porque la mediocridad de las castas concibe el control del cotarro institucional como principal ocupación y recompensa, a falta de grandes aportaciones científicas. Por consiguiente, Barbacid quedó condenado de antemano a padecer las amables intrigas internas, que tuvieron su consecuencia. En 2011, Zapatero le quitó la dirección del CNIO (seguramente haciendo un gran favor al científico) y la encomendó a María Blasco y tipos de su confianza; de inmediato se dedicaron a malversar, despilfarrar en arte, aumentar el déficit y despedir a los investigadores, incluyendo a los que osaron denunciarles. Pero esto es España, un país que se condenó a sí mismo a ser gobernado por un tipo financiado con burdeles y doctor en economía gracias a una tesis sospechosa de plagio.
El nuevo prodigio de las letras
Mientras la casta de la paleoizquierda se dedicaba a lo suyo, es decir, a la corrupción multinivel y transversal, Barbacid y su equipo se dedicaron a investigar hasta conseguir los resultados que han producido gran conmoción internacional por su significado para la vida humana: dense una vuelta por X buscando post en inglés con la palabra “Barbacid”. Pero nuestra cultura oficial y oficiosa eligió a David Uclés, el nuevo prodigio de la temporada. Uclés puntúa sus textos arrojando comas al aire, algo que por lo visto permite el “realismo mágico” imitado del boom literario hispanoamericano. Para aspirar a epígono de Gabriel García Márquez parece suficiente con coger una historia -tanto en el significado español como quizás más en el colombiano- y rebozarla de magia y mitos ideológicos, es decir, de puras falsificaciones y tópicos bobos.
Hojeé en la librería La península de las casas vacías y di a la primera con una recreación de la guerra civil en tierra vasca donde unos “éuskaros” admirables combatían a malvados fascistas de importación. Supongo que al autor le dará lo mismo que los requetés que luchaban contra el Frente Popular y el PNV fueran bastante más “éuskaros”, es decir vascoparlantes y rurales, que los milicianos de Irún o Bilbao o los gudaris de los últimos meses, pero así se escriben los cuentos en la cultureta del sanchismo. El esfuerzo de Uclés por trepar por la cucaña literaria no debe despreciarse, pues ha sido mucho más trabajoso que el de escribir libros malos y repetir como un loro las consignas antifascistas de la secta. Uclés ha tenido que hacerse un personaje muy parecido al de Chikilicuatre, aquel portento enviado a Eurovisión por votación popular, y lo ha conseguido auxiliado por generosas ayudas públicas y privadas, desde la beca del BBVA al premio Nadal, antaño uno de esos premios respetados como indicadores de talento y ahora pura propaganda comercial.
Tener la fiesta en paz
Quizás la cosa no habría ido a mayores de no mediar la invitación temeraria de Pérez Reverte para que Uclés participara en un evento político-literario presentado como un “congreso” sobre la guerra civil, nada menos, aunque suena al típico sarao con invitados famosos, unos con razón y otros sin ella. Aparte de su soberana opinión personal, ¿qué nuevos descubrimientos o enfoques de investigación pueden aportar sobre la guerra civil políticos e imitadores del realismo mágico? Esta clase de eventos, ahora de moda y endeudados con el formato estadounidense de espectáculo de predicador famoso -con conversiones e incluso milagros en directo-, parecen tertulias de todólogos elevadas a un nivel que no les corresponde.
Que lo importante era tener la fiesta en paz y contentar al respetable, más que investigar nada ni debatir con seriedad, quedó demostrado por la rapidez en cancelar el acto a cuento de unas amenazas difusas que ojalá hubieran sido todo lo que algunos hemos debido soportar media vida en el País Vasco, sin cancelar nada. El resultado ha sido regalar una victoria peligrosa a los canceladores ideológicos de la secta, y descender un poco más en la banalización de los debates e investigación auténtica.
Parasitismo reaccionario
Así que, por un lado, tenemos a Mariano Barbacid y su equipo, científicos trabajando años y años con discreción, tesón y resultados en algo que importa a la humanidad entera, y además en España, lo que añade más mérito. Por otro, un ruidoso y repetitivo escándalo guerracivilista muy en la línea del sanchismo: intelectualmente corrompido y encanallado desde el principio por Uclés y sus amigos. Una España que hace más de lo que cabría esperar, y otra que parasita y destruye, pero obtiene la atención y el reconocimiento. Es la nueva división del país: progreso del saber o parasitismo reaccionario.