Gorka Maneiro-Vozpópuli
- Es cierto que su futuro electoral es negro… pero no es menos cierto que otros están bastante peor
Quien nos dijo que venía a luchar contra la corrupción y a regenerar la democracia, Pedro Sánchez, hoy presidente del Gobierno de España, ha terminado por convertirse en el adalid del juego sucio y de las artimañas políticas al servicio de sus objetivos; y por lo conocido durante todo este tiempo y saber cómo asaltó el poder dentro del PSOE, podemos decir que antes de llegar a la Moncloa ya desplegaba sus armas incluso entre sus propios compañeros. O sea, que nos engañó a todos desde el principio y todas sus promesas no fueron más que instrumentos al servicio de sus causas personales y políticas, las cuales pueden resumirse en alcanzar el poder y mantenerlo a toda costa. Antes lo intuíamos pero hoy ya lo sabemos con conocimiento de causa: su palabra no vale nada.
Para desenvolverse óptimamente en política y permanecer en ella es conveniente ser lo más habilidoso posible y ser inteligente o al menos no demasiado tonto, dado que el entorno es desafiante, los adversarios no dan tregua y hay que tratar de convencer a la gente de que te vote, para lo que necesitas ciertas dotes oratorias, ser oportuno y hasta oportunista, disponer de colmillo político y utilizar los recursos de la publicidad y la propaganda, tan necesarios en los tiempos que corren. Que se lo digan a Feijóo, al que tanto le está costando echar a Sánchez, resolver su relación con Vox y afianzar su liderazgo.
Pero que la publicidad y la propaganda sean necesarias para hacer política y lograr tus objetivos legítimos no puede implicar que todo se limite a ello, que te dé igual una cosa que su contraria o que el ejercicio de la política se reduzca a una mentira gigantesca. No sólo porque es una inmoralidad flagrante recurrir a cualquier medio para alcanzar el fin que cada uno tenga sino porque semejante comportamiento obvia que la política es la gestión de los asuntos públicos y el intento de mejorar la vida de la gente y de la sociedad en su conjunto, cada cual según sus ideas.
Que se lo digan a Sánchez, culmen de todas las inmoralidades, gracias a las cuales sigue siendo presidente, incluso sin mayoría parlamentaria. Es cierto que su futuro electoral es negro… pero no es menos cierto que otros están bastante peor o ni siquiera hay rastro de ellos: algunos de sus colaboradores están o acabarán en la cárcel y muchos de sus adversarios están políticamente muertos. Él, mientras tanto, sigue vivo y dispuesto a seguir dando guerra.
Lo contrario de lo que prometió
Pero en política no todo es el fin sino que importan los medios, sobre todo si vivimos en una democracia, donde deben respetarse ciertos procedimientos y ciertas prácticas. Independientemente de lo que piense cada cual y de su ideología, uno no puede redactar una ley de amnistía para convertir a los delincuentes en socios políticos, ni puede privilegiar a unos ciudadanos concretos a costa del resto sólo por necesitar sus votos y su apoyo en el Congreso, ni puede conceder beneficios políticos o económicos a una determinada comunidad autónoma por seguir arrastrándose un rato más por la Moncloa, ni puede gobernar sin el Parlamento, ni puede dejar de presentar los presupuestos cuando la Constitución Española lo obliga a ello, ni puede convertir la presidencia del Congreso en una sucursal del Gobierno o del partido ni cada rueda posterior a la celebración del Consejo de Ministros en un ejercicio de autobombo electoral financiado con recursos públicos… Ni puede hacer lo contrario de lo que solemnemente prometió ni hacer lo que se comprometió a no hacer en ningún caso… salvo que sea un inmoral dispuesto a cualquier cosa… como Pedro Sánchez.
Mientras Feijóo resuelve por sí mismo sus incertidumbres y sus limitaciones políticas para alcanzar finalmente la Moncloa, en cuanto a Sánchez sólo nos queda denunciar sus tejemanejes para permanecer en ella. Entre otras muchas malas prácticas que Sánchez ha convertido en habituales, se encuentra el uso y abuso del decreto-ley para librarse del Congreso de los Diputados y de su falta de mayoría parlamentaria, incluso para aprobar cuestiones que no eran en absoluto urgentes, que es para lo que existe esta fórmula.
Se dice pronto, pero Sánchez la ha empleado hasta en 168 ocasiones; no se me ocurre un comportamiento más antidemocrático. Sánchez ostenta desde 2022 el récord de reales decretos aprobados por un presidente en nuestra historia democrática y acaba de alcanzar un nuevo hito: en el último año ha empleado más veces el real-decreto que la fórmula habitual para lograr aprobar leyes en una democracia; uno de los últimos casos ha sido para la regularización de 500.000 inmigrantes ilegales, como si la medida no mereciese el debate y la votación de los representantes del pueblo en el momento en que se toma. Y es que para Sánchez el Congreso de los Diputados es un estorbo. Y esto no sólo refleja su minoría parlamentaria sino su desprecio a la democracia.
Batacazos electorales
Su última «jugada maestra» ha consistido en presentar una iniciativa política que dice que defiende (la revalorización de las pensiones) con el objetivo de que su principal adversario, el PP, que la comparte, tenga que votar en contra, de modo que a continuación pueda acusarlo de votar en contra y traicionar, en este caso, a los pensionistas, con quienes antes ha jugado Sánchez sin la menor vergüenza.
Presentar una iniciativa política junto a otras en lugar de hacerlo de manera separada para que el resto de partidos voten en contra y acusarlos luego de votar en contra es indecencia, trilerismo político y hasta corrupción política. Hay quien dice que ya no cuela y que a Sánchez ya no le valen semejantes jugarretas. Y que los españoles hemos visto demasiado como para que nos siga engañando de manera tan burda.
Es lo que quiero creer pero a veces me surgen dudas. De momento, parece estar resolviendo su relación con Junts, ha acordado con Podemos la regularización de inmigrantes y pactado con Bildu que ETA deje de ser considerada en Europa organización terrorista. Es verdad que sigue sin recuperar su mayoría parlamentaria porque no ha podido ni siquiera presentar el proyecto de presupuestos. Y que los batacazos electorales continuarán este domingo en Aragón, donde es probable que obtenga su peor resultado histórico. Y siendo todo esto verdad, no es descartable que Sánchez, experto en el juego sucio, se saque un último as de la manga para perpetuarse en la Moncloa.