Juan Carlos Girauta-El Debate
  • Son cosas de sentido común, y por eso en Baleares han prohibido el burka y el velo integral en los espacios públicos. Como era de esperar (la izquierda nunca nos defrauda en su memez), la medida ha sido calificada de islamofóbica y hasta de cutre. En realidad los islamófobos y los cutres son ellos

Debajo o dentro de un burka puede haber de todo: armas cortas y largas, cartuchos, garrotes, una bomba, un tío musculado, tu primo de Cáceres, dos hombres pequeños, un cadáver, veinticinco pijamas de Primark, un juego de cuchillos de cocina. No se sabe, la imaginación es libre. Como cuando aparece el mago en escena y señala un gran bulto cubierto bajo esa inquietante tela negra. Lo mismo se esconde una silla eléctrica que tres bailarinas con pezoneras. Es la gracia del misterio, del suspense si quieren, que el espectáculo exige. Lo contrario que el resto del tiempo, cuando no esperas jueguecitos ni sustos porque no están controlados por el muro invisible, por la cuarta pared. La que se viene rompiendo desde Aristófanes, aunque cada dramaturgo que vuelve a picarla se cree que está innovando.

Que vale, que rompas la cuarta pared porque en la magia es casi imprescindible, pero seguirá existiendo un muro invisible. Aunque el actor se siente encima de la espectadora. Y si el mago te pide que metas la cabeza en una guillotina, sabes que no es un inmigrante del ISIS radicalizado, por tanto, farcihmo como vino a reemplazar. Que no te va a decapitar. Llámala quinta pared, llámalo sexto sentido, llámalo séptimo arte, llámalo octavo pasajero. A tu aire. Pero, ¿a que no te fías de un bulto informe donde solo asoman unos ojillos de género, edad e intención indeterminados? ¿A que no metes la cabecita donde te dice? Verás: un fardo del siete, por lo general más amplio de lo que ocupa un cuerpo humano medio, solo te hace gracia si está sobre el escenario. Si se sienta a tu lado, sales corriendo.

Son cosas de sentido común, y por eso en Baleares han prohibido el burka y el velo integral en los espacios públicos. Como era de esperar (la izquierda nunca nos defrauda en su memez), la medida ha sido calificada de islamofóbica y hasta de cutre. En realidad los islamófobos y los cutres son ellos. Lo primero, porque cada vez que quieren defender su inmigración masiva hablan de recolectar y de tareas semejantes, delatando su íntima concepción de la división del trabajo. Lo segundo, la cutrez, porque ser de izquierdas a estas alturas es un indicador bastante eficaz de tu nivel de lecturas, e incluso de tu nivel de higiene. Esto no debería ser así, no me gusta tener que comentarlo, pero es que te los cruzas y en fin.

Sé que es difícil, niños, pero a ver si lo pilláis. No es conveniente permitir la circulación por el espacio público de personas embozadas, como bien sabía Carlos III. Si unos cuantos tíos nos pusiéramos de acuerdo para circular, a partir de mañana, metidos en un poncho generoso con capucha, portando pasamontañas y una falda masculina ancha (¿qué?), y nos da por abultar un poco más de lo habitual, ¿nos dejarán entrar en el cine, en el restaurante, en el urólogo, en el pub irlandés, en el logopeda, en Hacienda? Pues eso.