Tonia Etxarri-El Correo

Arreando, que están en campaña. El PP, que se quejaba de la utilización que hizo el PSOE de la comparecencia de Feijóo ante la comisión del Congreso para rendir cuentas de una gestión que no era suya, en la dana, tampoco se queda rezagado. Hoy ha citado al socialista Paco Salazar en el Senado. El presunto acosador, que fue denunciado por compañeras de trabajo, tendrá que pasar hoy por el confesionario. Comparecerá como voluntario forzoso ante la ‘comisión Koldo’. Será interesante observar la actitud de los socios de Pedro Sánchez (desde ERC hasta Bildu, pasando por el PNV) ya que, algunos de ellos, el pasado lunes, se ensañaron en sus interrogatorios a Feijóo de los que, precisamente, no salieron muy bien parados. El caso es que el PP piensa aprovechar su oportunidad para vengarse. Donde las dan, las toman.

Tres días antes de las elecciones en Aragón, piensan exigir a Salazar, uno de los exdirigentes socialistas más controvertidos y señalados en La Moncloa y en Ferraz desde que entró en prisión Santos Cerdán, y al que iba a sustituir si no se hubiera cruzado de por medio las denuncias de sus compañeras, que rinda cuentas de su papel «en la trama corrupta del sanchismo». Así, como suena. Por corrupción, tráfico de influencias y abuso de poder. Y ahí, en el abuso de poder, se van a entretener para sacar a colación las denuncias internas contra el exsecretario de Coordinación Institucional «por sus comportamientos intolerables con las mujeres de su entorno».

Y como la candidata socialista, Pilar Alegría, comió con él, según acreditaba una foto en un restaurante, después de haberse conocido las denuncias internas, miel sobre hojuelas para el PP, que está apurando una campaña con el viento a favor pero en la que Jorge Azcón no tiene asegurada la mayoría suficiente para gobernar sin ayuda de Vox.

En La Moncloa ya esbozan el discurso de la noche electoral cuando tengan que dar cuenta de su retroceso, si las encuestas no yerran. ¿A quién van a atribuir el fracaso? ¿A la candidata que ha sido la delegada de Sánchez o al jefe? Alegría no es como Miguel Ángel Gallardo en Extremadura, que se presentó a las elecciones pendiente de juicio. Ha sido ministra y la voz de su amo hasta hace pocos días, pero quedaría descartada su dimisión porque Sánchez necesita amarrar el poder territorial del partido para encarar las elecciones generales que es lo único que le importa.

Si no hubiera enmendado el gran error cometido la semana pasada al pretender sacar adelante, en aquel ‘engendro ómnibus’, la actualización de las pensiones mezclada con los okupas que Podemos dice que no existen, la campaña aragonesa se le habría hecho más cuesta arriba al PSOE. Bastante tiene ya con contener el cabreo ciudadano con el agravio comparativo de la controvertida financiación autonómica que ha puesto a Cataluña en un pedestal como para tener que explicar el intento de ‘empotrar’ a los pensionistas en una maraña de medidas sociales. Quedan tres días para las urnas en Aragón en donde los socialistas no han sido capaces de tapar el gran hueco que dejó el desaparecido (y maltratado) presidente Javier Lambán.