Rebeca Argudo-ABC

  • Me parece mejor que sean las familias las que eduquen a sus hijos con bases sólidas en valores

El anuncio de prohibición del acceso a redes sociales a menores de 16 años me genera más dudas que certezas. Me sorprende la algarabía de ciertos padres porque les parece fenomenal que no se permita a los críos, a los suyos y a los de los demás, ese acceso a ciertos contenidos. Como si no fuesen capaces sin el auspicio externo de decidir por sí mismos qué es mejor o peor para sus retoños o, aún siendo capaces de decidirlo, no fueran capaces de llevarlo a cabo. ¿Necesitan que se prohíba el consumo de bollería industrial en chiquillos para prepararles un almuerzo sano? ¿El cierre de los quioscos (si es que queda alguno) para no alimentarlos a base de nubes de azúcar y fresas de gominola? ¿Fuera refrescos para que beban agua?

«Les protegemos del salvaje Oeste digital», dijo Pedro Sánchez, entre heroico y grandilocuente, salvador de la muchachada, y un montón de madres hiperconcienciadas aplaudieron como fócidos ante una sardina al aire sin mayor reflexión, porque visualizaron rápidamente una vida más fácil (para ellas): hijos llenando los parques infantiles porque están sin conexión, jugando a la rayuela y a la comba porque no tienen TikTok, intercambiando cromos en lugar de ‘skins’. Vuelta a la mercromina, el beso en la frente y el bocadillo de chorizo. Adiós al Minecraft ese y al Fortnite, que los carga el diablo. Ya sueñan todas con que prohíban también los móviles, que es más fácil decir que no se puede porque no es legal que aguantar el berrinche del chiquillo ante un no paterno cuando su amigo, el Jonathan (o el Kevin, todos tienen un amigo Jonathan o Kevin con móvil antes de los diez) ya tiene y él no. Y luego, ya puestos, que sea obligatorio por decreto ley obedecer sin rechistar, hacer los deberes, la ducha diaria, recoger la habitación y dejar la ropa sucia en el cesto y no en el suelo de cualquier manera. Que la adolescencia es muy dura y sería mejor gestionarla pudiendo llamar a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado para que hagan cumplir ellos la ley, que van armados.

No me parece mal plan, en serio, prohibir el acceso a las redes sociales a los chavales, aunque me parece mejor que sean las familias las que eduquen a sus hijos con bases sólidas en valores que les hagan independientes y responsables más que sobre prohibiciones generales y, quizás, oportunistas. Ya sabemos todos el efecto que tienen las prohibiciones en los adolescentes. Pero más allá de mi opinión particular, me pregunto cómo piensan llevarlo a cabo. ¿Con qué tecnología cuentan para que ese control de la edad a la hora de acceder a redes sociales sea efectivo? ¿Cuál es el mecanismo técnico que evitará que un chiquillo con curiosidad pueda fingir que tiene 17? ¿Ha funcionado realmente hasta ahora alguno de los sistemas de verificación de edad que ya operan en muchas páginas? A mí, la verdad, esto me suena más a maniobra política e interesada. Otras cien mil viviendas para solucionar el problema habitacional.