José Alejandro Vara-Vozpópuli

  • La noche del domingo desvelará dos de las incógnitas que más obsesionan en las quinielas aragonesas. Un escrutinio con tensión

El último regate de los propagandistas de la Moncloa puede dar un giro radical a las elecciones de este domingo en Aragón. Pedro Sánchez lanzó desde Dubai, ese paraíso democrático, una advertencia a los tecnoligarcas del planeta que pretenden atiborrar las redes con mensajes de odio para desalojarlo de la Moncloa. Primero le sacudió a Trump, con escaso éxito porque el paquidermo de la Casa Blanca lo ignora como a una ladilla, y luego se lanzó a por Musk Telegram, sobre los que vertió airadas descalificaciones

Es lo que necesitaba la campaña de Pilar Alegría, que se arrastra lánguida y pesarosa ante un horizonte de indubitable derrota. En su desesperación, la aspirante socialista ha recurrido incluso a un Marcelino Iglesias, quien fuera en tiempos presidente de la región, para arrojar mensajes telefónicos sobre inadvertidos ciudadanos con el cuento de que el PP les va a arrebatar como 500 euros de su pensión. O 600. La jugada apenas cosechó más éxito que el de superar con creces las lindes del ridículo. Una campaña desquiciada, una empeño imposible.

De ahí la jugada maestra de Sánchez de declararle la guerra a los empresarios de internet, a los amos de las redes, a esos seres atrabiliarios, encarnación del mal, apóstoles de la fachosfera, que pretenden derribar el único gobierno del progreso que queda en el planeta. Alborozada recibió seguramente la triste Alegría esta iniciativa de su jefe para reconducir su penosa trayectoria. “Con esto nos salvamos”, le comentaría por guasap su gran amigo Salazar, el de la bragueta, que acababa de proclamar en el Senado su inocencia en los casos de acoso sexual que le atribuyen.

La única culpable

Parece que Musk no inquieta tanto a los aragoneses como sospechan las cabezas pensantes de Ferraz, si es que queda alguna. ¿Quién lo iba a imaginar? Era un golpe maestro, una idea genial, un jaque mate definitivo a la derechona, tan soberbia y engrupida que se da ya por vencedora. Las casas de apuestas de Londres aventuran un histórico hundimiento de las siglas socialistas, incluso por debajo de los 18 escaños de Lambán en 2015. Un batacazo que Ferraz atribuye, exclusivamente, a la torpeza de la candidata, que no ha sabido convencer a sus votantes de que el cuponazo a Cataluña, esos 5.000 millones amablemente entregados para Junqueras y la santa compaña separatista, favorece a las sencillas gentes aragonesas. La única verdad es la realidad, como apuntan los tertulianos aristotélicos, que alguno habrá.

Sánchez, el magaloser planetario, afronta otra superlativa derrota en Aragón, al estilo de la extremeña, inferior quizás a la de CyL del mes que viene, y a la andaluza de antes del verano. La una de la otra en pos. JardielNo problem. Lo único que importa son las generales de 2027, donde se juega la continuidad de su gran sillón. Se lo explicó hace unos días a su acoquinada tropilla. Que se escacharren los barones en sus combates electorales venideros es asunto menor. ¿A alguien le preocupa el futuro postelectoral de Alegría? Pobre mujer, descabalgada de una poltrona ministerial para ocupar plaza en un escaño de la oposición en el Palacio de la Alfajería, donde las Cortes de Aragón. Lo realmente vital es tener contento a Illa y a los indepes catalanes que son los que deciden el color del tipo que se instala en la Moncloa y los únicos que ya, a estas alturas, votan al galansote. En eso están. Todas las atenciones y cuidados para las Rodalíes y ni un cese en Adif o Renfe por las 46 muertes de Adamuz.

El diálogo entre las derechas

Ya que no pueden disfrutar con lo suyo, se afanan estos días los socialistas en rellenar quinielas sobre cuántos escaños le sacará Feijóo Abascal. O sea, Azcón Nolasco. Vano consuelo de perdedores. Vox parte de 7 y le auguran 12 o 14. El PP llega con 28 y baila  entre quedarse igual o arañar los 30. Nada de mayorías absolutas, que en Aragón tal hecho jamás se dio. Nada de formar gobierno a la primera, una tradición antañona y periclitada. Toca negociar, como en Extremadura. María Guardiola, dos meses despuéstodavía está en ello, con enormes sudores y descomunales quebrantos. ¡Qué duro es el diálogo en las derechas! Así nos va.

Al margen de estos tironeos por la diestra, las aburridas elecciones aragonesas ofrecen ciertos detalles de interés, casi morbosos. El primero consiste en despejar la duda de si Vox le arrea un sorpasso descomunal al PSOE en Teruel y hasta en Zaragoza ciudad, como ya ocurrió en Badajoz. Podría ser el momentazo del escrutinio en la noche del domingo. El segundo, y no menos importante, averiguar si los de Abascal reciben más votos desde las filas socialistas que el PP. «Un bolchevique, si el partido le dice que lo negro es blanco y lo blanco es negro, no debe creer lo que ven sus ojos, sino lo que el partido le dicta que vea». Piatakov. En el PSOE, las cosas eran así. Hasta Felipe González, humillado e insultado por los suyos, sigue votando esas siglas. Tal costumbre se acabó: La desbandada socialista hacia la abstención y hacia la derecha se anuncia de escándalo.  Al margen de estos sabrosos juegos para cafeteros, lo impepinable es que el trompazo de Sánchez será un empujón más hacia la puerta de salida.