Ramón Pérez-Maura-El Debate
  • El pasado martes, y por primera vez en ocho meses, nuestro bien conocido Napoleonchu tuvo la infinita generosidad de conceder por primera vez en ocho meses una rueda de prensa a los corresponsales diplomáticos de este país

Tengo reiterada a lo largo de mi vida profesional, últimamente en esta columna y antes en ABC, una cita que me inculcó en la Universidad de Navarra mi maestro Esteban López Escobar. Thomas Jefferson, tercer presidente de los Estados Unidos entre 1801 y 1809, afirmaba: «Yo prefiero tener Prensa sin Gobierno que Gobierno sin Prensa». Esa sentencia formaba parte del pensamiento de un político abierto a la discrepancia, a las opiniones adversas y a las críticas. Sabemos que sus frases lapidarias sobre la materia son múltiples. Y tenemos ejemplos de ello: «La Prensa es el mejor instrumento para instruir la mente del hombre, y para mejorarle como ser racional, moral y social». ¿Era Jefferson un reaccionario? Más bien no. Yo creo que parece que fue considerado un progresista en su tiempo. Aunque hoy sería visto como un carca por el ministro de Asuntos Exteriores del Reino de España, nuestro nunca suficientemente ponderado Napoleonchu, que ha demostrado esta semana la necesidad de limitar la libertad de expresión. Y hoy, libertad de expresión es lo que Jefferson llamaba Prensa.

El pasado martes, y por primera vez en ocho meses, nuestro bien conocido Napoleonchu tuvo la infinita generosidad de conceder una rueda de prensa a los corresponsales diplomáticos de este país. Lo hacía acompañado de su colega griego, Georgios Gerapetritis. Antes de empezar, el encargado de comunicación de Napoleonchu comunicó a los periodistas españoles que solo disponían de un turno de preguntas, lo que fue acogido con protestas. Así que, de perdidos al río, los informadores españoles se pusieron de acuerdo para que quien preguntara abordara tres asuntos de actualidad en la misma pregunta.

Según leo a mi siempre valorado colega Luis Ayllón, la encargada de hacerlo fue la redactora de Europa Press, Leyre Guijo, quien, como preámbulo, recordó que el ministro llevaba ocho meses sin comparecer ante la prensa en España, y que esperaba que en el futuro hubiera más ruedas de prensa. Después, preguntó sobre la llegada del catalán a las instituciones europeas, el acuerdo de la UE con Gibraltar tras el Brexit y si ETA va a continuar, o no, en la lista internacional de organizaciones terroristas. Todos ellos, asuntos de la máxima relevancia para España. Napoleonchu los despachó todos en 28 segundos y se fue por donde vino. ¡Qué capacidad de concisión!

Inmediatamente llamó al presidente de Europa Press, Asís Martín de Cabiedes, y le comunicó que la periodista quedaba vetada en el Ministerio. Y, lo que es más increíble, a Leyre Guijo se le advirtió por su propia empresa que debía regresar a la redacción y que estaba relevada de sus funciones. La periodista tiene una gran experiencia profesional, lleva 26 años en Europa Press, ha sido responsable de los asuntos internacionales y, desde hace un lustro, era corresponsal diplomática en la agencia. Ni así plantó cara su empresa en primera instancia frente a Napoleonchu. Parece que después Europa Press ha dado un paso atrás y ha vuelto a encomendar a su redactora las mismas funciones en Exteriores. Supongo que ha sido por vergüenza torera.

Parece que hogaño el tiranuelo del Palacio de Viana, que no consiente la presencia de periodistas en tan regia residencia, hoy solo reservada para su uso y disfrute salvo el paso por allí de algún colega extranjero, se cree con derecho a fijar quién puede preguntar y de qué en la «democracia» española. Y, lo peor de todo, es que nadie le pide cuentas por ello. Su actuación está tan en sintonía con la del presidente Sánchez, que le aplauden por actuar como todos creen que procede hacer. Con un par.