Editorial-El Correo
Las elecciones en Aragón han demostrado que España no es ajena al giro radical a la derecha que sacude el resto de Europa. Vox ha confirmado el arreón ya apuntado en Extremadura al hacerse de nuevo con el 17% de los apoyos, lo que le convierte en una fuerza emergente que capta respaldos en otros electorados frente al desplome del PSOE y la paradójica victoria del Partido Popular, que gana perdiendo sufragios. El bipartidismo sale tocado, frustrado y obligado a reflexionar. Pedro Sánchez activó la alerta ultra como revulsivo para debilitar al PP y el extremismo avanza cada vez más. Los populares de Núñez Feijóo forzaron el adelanto en las urnas con la idea de reafirmar su hegemonía, pero el resultado es otro. Dependen más de la extrema derecha por mucho que intentasen emularla en busca del voto joven con rocambolescas tretas como ‘fichar’ al agitador ultra Vito Quiles. Vox capitaliza el descontento que antes se repartía a izquierda y derecha, ayudado por el populismo que impera en otros países europeos. Para llegar al poder, buscará reemplazar al PP como referente en las filas conservadoras como ya ocurre en Portugal, Francia, Italia y Austria. Sánchez tiene un problema. Feijóo, también.