- Cinismo y falacias propias de malos gestores que demuestran que cuando se gobierna, como hace Sánchez, sin escrúpulos, ni límites morales, la osadía y desvergüenza con la que intentan tapar y exculpar sus errores e incompetencia resulta insultante para la inteligencia de los ciudadanos
Acierta Felipe González al afirmar que cuando alguien dice que hay un «puto amo» es porque existen personas con actitud de siervos y no hay más que ver a los serviles y rastreros Lópeces, Patxi y Óscar, junto al otro Óscar, Puente, para acreditarlo.
Patxi, esa lumbrera que llegó a lehendakari de la mano del PP, cosa que nunca agradeció, se erige en portavoz del sanchismo irredento y defiende que su amo y el gobierno lo hacen muy bien pero lo comunican mal y sobre todo no transmiten lo mal que puede llegar a hacerlo, en comparación, la ultraderecha. Ahí radica el problema según el siervo Patxi y no en la cuestionada gestión y reprobada gobernación de Sánchez que los ciudadanos mayoritariamente han castigado en las urnas de Extremadura y Aragon. Sin propósito de enmienda ni autocrítica, alejado de la pura realidad y del sentir mayoritario de la gente, como evidencia con su afinado diagnóstico el ‘ingeniero’ Patxi, cobra más sentido que nunca para la oposición, esa máxima napoleónica de que al enemigo (adversario político) no hay que distraerlo cuando se equivoca.
La otra eminencia del sanchismo militante es el otro López, Óscar, que no sólo exculpa a su «puto amo» de la debacle electoral aragonesa sino que se la achaca directamente al muerto, al fallecido Javier Lambán por no hacer en vida una oposición suficiente y eficiente contra Azcón para impedir que le ganara a la candidata ‘monclovita’ Pilar Alegría. Un argumento de una miseria moral indescriptible por parte de quien ejerció de antisanchista hurgando en las saunas prostíbulos del suegro y devino en indecente mamporrero del amo a quien intentó limpiar. Ayuso puede estar muy tranquila con Óscar López mientras Sánchez siga alimentando su ego rodeado de conmilitones y asesores serviles y sumisos con él, que lejos de advertirle de su desnudez, como en el cuento del Rey, ensalzan su cada vez más debilitada figura y le regalan los oídos con sus elogios.
La injustificada pataleta de niño bitongo, enfurruñado y contrariado, creada por la factoría propagandística del tal Rubio en Moncloa, por su ausencia en la cena de líderes europeos, previa a la cumbre de Múnich, evidencia hasta qué punto se pretende maquillar la cada vez más irrelevante influencia y presencia de Sánchez en foros internacionales que no sean los del populista Grupo de Puebla. Le han tomado la matrícula en Bruselas y Washington.
Es la consecuencia de ir por libre y jugar a enfant terrible de la izquierda global esquinándose en la foto de familia de la OTAN para escenificar, ante sus socios comunistas, su desacuerdo con el incremento del gasto militar o decidir políticas al margen del consenso europeo ya sea respecto a Israel o China, o en materia de inmigración con una regularización masiva o legislar sobre las redes sociales y la tecnología digital. Medidas y decisiones, algunas pensadas y adoptadas, para desviar la atención sobre los problemas que le acucian y en función, no del interés general, sino del suyo personal y político con el único fin de no dejar el gobierno. Cabe el consuelo de que nunca se materializarán y entrarán en vigor dada su impostada generación.
Y acierta también Felipe González, en este sentido, al censurar a Sánchez por basar su liderazgo en un proyecto personal, no para servir a España, sino para salvarse él.
Un proyecto sobrado de soberbia y ayuno de autocrítica y humildad como vienen acreditando él y sus siervos en la forma de ejercer el poder, sin reparar en el hecho de que el poder desgasta, tanto y más cuando no se tiene, decía Andreotti, como cuando se desempeña sin modestia alguna.
En lugar de asumir las responsabilidades derivadas de calamidades y tragedias como la dana, el gran apagón, el accidente de Adamuz o la derrota electoral en Aragón, Sánchez, Puente y los ‘Lópeces’ han optado por culpar a un difunto suyo del revés electoral; se han escudado en el pasado para ocultar su negligencia señalando a Rajoy por la falta de inversiones y mantenimiento de las vías, como si no llevaran casi ocho años en La Moncloa; han culpado a las compañías eléctricas por fundirse los plomos del país, a pesar de los avisos de Iberdrola y Endesa a Red Eléctrica que podían haberlo evitado, y por supuesto, faltaría más, han apelado al cambio climático para justificar la inevitabilidad de calamidades y desgracias.
Cinismo y falacias propias de malos gestores que demuestran que cuando se gobierna, como hace Sánchez, sin escrúpulos, ni límites morales, la osadía y desvergüenza con la que intentan tapar y exculpar sus errores e incompetencia resulta insultante para la inteligencia de los ciudadanos.