Teodoro León Gross-ABC
- Aferrado a su 30-35 por ciento, esto ya va siendo una rareza en Europa
Es fácil la caricatura del PP después de Aragón. Incluso tentadora. De ahí que proliferen estos días los análisis retratando a los líderes de la derecha española como un Estado Mayor de opereta, al modo del mando británico que retrata satíricamente Tony Richardson en ‘La carga de la brigada ligera’ mandando a los suyos al desastre. Desde hace meses, años ya, se repiten sus errores ante un Vox en auge. Pero las cosas no son tan simples. Sí, claro que en Génova no han sabido gestionar ese brío efervescente de Vox, dando bandazos chuscos, desde ver a Feijóo proclamando campanudamente en el congreso del verano que no gobernarían con ellos hasta invocar estos días lo mucho que les une para gobernar juntos. Nunca asumieron la potente inercia de Vox y no han sabido gestionarla, pero ¿alguien cree que el PP hubiera podido frenar esto? Hace falta mucha ingenuidad. Lo de Vox no es un fenómeno local. Aquí el sanchismo lo ha regado con gasolina, pero la pujanza del populismo radical de extrema derecha arraiga en toda Europa, sin sanchismo. Es lo que hay.
La realidad es que el PP, más allá de esas torpezas rematadas en Aragón, es un caso de resistencia en el continente, aferrado a su 30-35 por ciento. Esto ya va siendo una rareza. En Francia, la derecha tradicional se esfumó, y también en Italia con la hegemonía de Meloni. Merz aguanta en Alemania por debajo del 30 por ciento y con AfD por encima del 20 como segunda fuerza. La Eurocámara muestra cómo ha menguado el centroderecha ante el impulso ‘alt-right’, que en los ochenta y noventa estaba por debajo del 5 por ciento, o pocas décimas más, pero en el siglo XXI se fue pronto al 10, y a partir de ahí por encima del 15 por ciento en la segunda década. Ahora es del 22, y ganó en Francia, Italia, Austria o Bélgica. Más de 150 escaños. El fenómeno que se identificaba en Polonia o Hungría como herencia torturada del ‘telón de acero’ penetra en territorios inesperados, cada vez a más en Suecia o Países Bajos, además de Alemania. En definitiva, Vox no es sólo una bestia alimentada por el sanchismo, aunque éste le haya dado alas a golpe de polarización.
‘The Economist’ apunta al 25 por ciento de la extrema derecha en Europa, donde ya lideran países, entran en coaliciones no sólo nórdicas y encabezan encuestas en Francia, Reino Unido y también en Alemania. Chega ha hecho segunda vuelta en Portugal. Después de la pandemia, emergió una frustración fatalista que abona esto. Son partidos con estrategia y sangre fría para ejecutarla. En el PP deberían preocuparse, porque su votante envejece y se ve venir el 20 por ciento de los otros, pronto en Castilla y León. Eso sí, el PP tiene más de excepción en Europa que de exponente del hundimiento de los partidos conservadores arrollados por la pujanza de la derecha radical. Tal vez no sea mérito suyo, sino un fenómeno sociológico español, pero a estas alturas la resistencia del PP, ante el paisaje europeo, parece casi milagrosa.