Ignacio Sánchez Cámara-El Debate
  • No parece que sea posible una coalición entre PSOE y Vox, aunque el presidente del Gobierno es capaz de casi todo

El Gobierno de Pedro Sánchez es un claro ejemplo de abuso, e incluso corrupción, del sistema parlamentario. El bipartidismo tiene inconvenientes (por supuesto, también ventajas). Por ejemplo, el riesgo del reparto de poder entre los dos grandes partidos y una especie de alternancia convenida. Pero el multipartidismo no los tiene menores, entre ellos, la inestabilidad y el desgobierno. Y también la amenaza de la extorsión política por obra de los partidos minoritarios, lo que cabría calificar como la soberbia de las minorías. Si quieres gobernar, pasa por caja. Dos de las más estables democracias, el Reino Unido y Estados Unidos, han sido durante décadas bipartidistas. ¿A quién le puede interesar hoy el contenido del programa del PSOE? ¿Tiene algo que ver con la política real? Entiendo que un Gobierno de Sánchez con mayoría absoluta sería una gran catástrofe, pero creo que la situación actual es aún peor. La capacidad de decisión de minorías separatistas y de extrema izquierda es letal para España y además antidemocrática.

Ante la grave situación, la correlación de fuerzas, al menos en Extremadura y Aragón, ofrece a Vox una oportunidad y le confiere una enorme responsabilidad. Y no parece que vayan por el camino correcto. Desconfío de los análisis poselectorales que comienzan con una frase como «los electores han decidido» u otras parecidas. Los dirigentes de Vox sostienen que los electores han optado por un cambio en las políticas. Se entiende que en favor de sus posiciones. El sujeto de frases como esa me parece confuso e indeterminado. El resultado electoral no es un acto de voluntad de nadie. Es el resultado de las decisiones de los individuos. Yo no sé si hay alguien que quiere que gane el PP, pero sometido al control y a las exigencias de Vox. Solo sé que unos votan al PP y otros a Vox. Tampoco sé si ha habido una voluntad deliberada de que se hunda la izquierda a la izquierda del PSOE. Simplemente han perdido votos. Lo que sí parece claro, sin necesidad de imputarlo a una inteligente voluntad general, es que gana el PP, sin mayoría absoluta (prescindamos de ligerísimas diferencias entre Extremadura y Aragón), pierde el PSOE, pero es la segunda fuerza política (lo que con Sánchez al frente no deja de tener su mérito), y el tercero es Vox que obtiene poco más de la mitad de apoyo que el PP. Estos son los hechos. El PP ha cometido y comete algunos graves errores. La prueba es, entre otras, la existencia y el ascenso de Vox. Pero sigue siendo hoy el primer partido de la derecha y el único que puede aspirar a encabezar la oposición y a gobernar. Esto ciertamente podría cambiar. Vox no es un partido fascista ni de extrema derecha, y su ascenso refleja que una buena parte de los españoles le da su apoyo. Convendría por ello hacer un análisis realista y emprender una acción responsable. Partidos prometedores como el de Rosa Díez, Ciudadanos y otros dejaron de existir. Podemos parece en fase de extinción. Aunque alguien ha dicho que el PP en Aragón ha perdido dos escaños y ellos solo uno. Entiendo que se trata de un chiste malévolo. Una de las cosas buenas de la democracia, no la única, es que los ciudadanos deciden, premian y castigan.

Ninguno de los tres partidos puede gobernar solo. Lo normal es que gobierne el ganador. No parece que sea posible una coalición entre PSOE y Vox, aunque el presidente del Gobierno es capaz de casi todo. Queda el Gobierno del PP con apoyo o en coalición con Vox. Lo más estable sería un Gobierno de coalición. Y lo más justo parece que se haga en proporción a la correlación de fuerzas, tanto en cuanto a programas como a consejerías. Más allá de esto, la actitud de Vox se asemejaría a los partidos que sostienen a Sánchez. Y entiendo que no es ese su modelo. En este sentido, la responsabilidad de llegar a un acuerdo de este tipo es de ambos. En una situación de grave crisis nacional, el interés de España está por encima del interés de todos los partidos y de sus votantes. La inestabilidad y la repetición de elecciones sería una grave irresponsabilidad.