Pedro Chacón-El Debate

  • Es una práctica política en la que entran el Gobierno central, el nacionalismo vasco y el socio vasco del primero

El puenteo es la práctica política en la que entran el Gobierno central, el nacionalismo vasco y el socio vasco del primero, generando una dinámica que se da desde el inicio de la Transición en España y que es la causante principal, a mi juicio, de que el País Vasco político sea hoy ya solo cosa de dos: PNV y Bildu. Por lo tanto, a saber de dónde se saca Eneko Andueza eso de que la semilibertad le va a permitir a ‘Txeroki’ comprobar que hay «una Euskadi muy diferente a la que nos quisieron imponer», que supone «una victoria para el Estado de Derecho» y la «derrota moral» de quienes le apoyaban.

El puenteo consiste en dos acciones cruzadas y que se retroalimentan: el Gobierno central favorece al nacionalismo, hasta ahora al PNV y desde Pedro Sánchez (con su precursor Zapatero) también a Bildu, y los dos partidos vascos apoyan al Gobierno en Madrid. Entre ambos polos se establece una relación de igual a igual de modo que el sacrificado como tercero subalterno, perdiendo así legitimidad a chorros en el País Vasco, siempre resulta ser el socio vasco del partido del Gobierno. Los ejemplos son múltiples y empiezan desde la UCD de Adolfo Suárez, cuando en plenos «años de plomo», con media ejecutiva de la UCD vasca eliminada (Ustaran, Arrese, Doval), el partido desde Madrid tuvo la ocurrencia de financiar al PNV, inspirándose en el llamado «informe Fontán», para reforzarlo como partido moderador en el avispero vasco, lo cual provocó una crisis en la UCD vasca de Chus Viana que estuvo a punto de llevarla a su autodisolución. Con el PP ocurrieron episodios sangrantes parecidos, como cuando el líder del PP alavés y portavoz en el Congreso vino a Bilbao acompañando a la vicepresidenta del Gobierno y ambos le ocultaron a la presidenta del PP vasco que se iban a entrevistar con el presidente del PNV.

Pero el caso de ‘Txeroki’, y de todos los presos de ETA que están pasando a tercer grado sin haber dado la más mínima muestra de arrepentimiento, rompe moldes por el deterioro que conlleva, no ya político, que por supuesto, sino sobre todo moral, en este caso para el PSE. De manera que el PNV consigue para el Gobierno vasco la competencia de prisiones, pero la deja en manos del PSE para que sea este el que cargue con el baldón de tener que conceder terceros grados o semilibertades a los presos más mediáticos de la banda, sin desgaste alguno para los jeltzales y con Bildu encantada en Madrid, apoyando a Pedro Sánchez para que siga en su burbuja. No es solo la náusea que provoca oír a los dirigentes del socialismo vasco que esa medida supone un «respeto escrupuloso» a la ley. Es sobre todo la pena de que llevemos así va para medio siglo y sigamos sin aprender que todo lo que sea entrar en el juego entre el nacionalismo vasco y el Gobierno de Madrid convierte al socio vasco del Gobierno en comparsa insignificante sin remisión.