Ignacio Marco-Gardoqui-El Correo
- La crispación ciudadana y la polarización extrema seguirán vigentes y operativas pase lo que pase en las elecciones
No sé si tuvo la oportunidad, o el interés, de leer mi comentario del pasado domingo, o si lo dejó para más tarde y se le enfrió el periódico. En él le hablaba de lo ‘que tenemos’ y le hacía un, necesariamente breve, resumen de la situación actual que vivimos en España. Hoy, y para desmentir y desmontar ese lugar común que asegura que los economistas tenemos dificultades para explicar el pasado, nos equivocamos con frecuencia al relatar el presente y somos incapaces de adivinar el futuro, le voy a explicar -¡ahí va, con dos bemoles y un sostenido!- ‘lo que tendremos’ en el próximo futuro.
Tras los resultados cosechados en Aragón y tras superar de nuevo y con holgura el umbral del 50% de los votos emitidos, creo que la opción de un triunfo de las derechas en las próximas elecciones generales cuenta con más probabilidades que su contraria. Lo cual no es ninguna garantía de que vayan a ser capaces de formar un gobierno estable. El muro social levantando por Sánchez no es de mampostería y barro, como las casas de Grazalema, sino de mármol y piedra caliza, como su cara. Así que no se disolverá en las purificadoras aguas de las urnas y perdurará en el tiempo como lo hicieron los acueductos de Roma.
La crispación ciudadana y la polarización extrema seguirán vigentes y operativas. No estoy seguro de que la diferencia existente, hoy en día, entre un votante de Vox y otro del PP sea mucho menor que la que separa al del PP del PSOE. Los partidos de izquierda insisten, una y otra vez, en identificar los programas de Feijóo con los de Abascal, lo que es al menos tan abusivo como identificar los del presidente con los de Pablo Iglesias o Yolanda Díaz. Como los populares no pactarán con el PSOE del malvado y pernicioso Sánchez y sí lo harán con el Vox del audaz y corrosivo Abascal, el gobierno resultante será un conflicto permanente, trufado de amenazas de ruptura, desplantes y desaires. Podemos ha sido un socio de gobierno ineficaz y destructivo, pero también, paciente y acomodaticio. Por el contrario, Vox será exigente y malhumorado. Construir sobre este subsuelo será un tormento permanente.
Máxime cuando enfrente tendrá a un PSOE lamiéndose las heridas y cegado por el rencor, que no le dará tregua, que dejará la caja de los dineros vacía y la cabezas de sus votantes llenas de promesas por cumplir. ¿Quién desmontará el famoso ‘escudo social’ -ninguna necesidad social sin su propio subsidio, ninguna demanda sin su correspondiente oferta-? ¿Quién lo pagará? ¿Con qué presupuesto? Las promesas adornan los discursos electorales, pero su coste oscurece el futuro presupuestario, antes maltrecho y hoy ya olvidado.
¿Quién vertebrará este país que está completamente deshilachado? ¿Qué tipo de financiación autonómica satisfará a los catalanes, sin humillar a la vez a sus vecinos? ¿Cómo calmará Feijóo a los insaciables del PNV y de Bildu sin poder ofrecer más transferencias, ni conceder mas competencias? ¿Cómo se arreglará sin contar con la ayuda de los fondos europeos, recurrirá al endeudamiento o aumentará los impuestos? ¿Incumplirá su programa electoral o dejará insatisfechas las demandas sociales aún a riesgo de que los sindicatos abandonen su actual postura de sometimiento y colaboración, desenrollen las pancartas, enciendan los megáfonos, bloqueen las calles con neumáticos e incendien las calles?
No le arriendo la suerte a Feijóo. Si yo tuviera tanto valor, hubiese elegido ser torero. Se gana más. Si fuera tan audaz, hubiese preferido ser paracaidista. Es más divertido.