Manuel Marín-Vozpópuli
- Lo novedoso es que por primera vez Sánchez está dejando de infundir un miedo dominante en el PSOE. Ya no es creíble y sus trucos electorales no funcionan
Sabíamos, por experiencia y trayectoria, que la dimensión moral no es el fuerte del sanchismo. Ni la ética en el ejercicio del poder. Ni la coherencia en política. Lo que no conocíamos es que el subsuelo de la bajeza carece de límites. Culpar a un muerto del resultado electoral del PSOE en Aragón responsabilizando al difunto Javier Lambán del destrozo electoral causado por el sanchismo es sólo la enésima pirueta de un partido sin guion, sin relato y sin escrúpulos. El PSOE se ha convertido en una cohorte de sumisos a Pedro Sánchez capaces de hablar por boca de él cuando le atenaza la cobardía. Si Sánchez cree que el fulminante desguace de la carrera política de Pilar Alegría es culpa de los ‘lambanistas’ con decencia, habría hecho bien en afirmarlo él personalmente y no delegar en Óscar López, que a fin de cuentas quedará como el enésimo peón derrocado por la soberbia de un régimen estabulado ya en una corta mesa camilla. Eso, y no otra cosa, es lo que va quedando de este sanchismo jibarizado por semanas. Lo determinante ahora no es la capacidad del sanchismo por insultar a socialistas de bien. Lo determinante es el encorsetamiento cobardón de esa muchedumbre de socialistas que siguen callando de pura indignidad. Lo de Óscar López, o sea lo de Sánchez culpando a Lambán, solo destila desesperación, impotencia, sectarismo y rencor acumulado. Lo del resto es sólo vacío mortecino.
La pregunta es ¿qué le pasa al PSOE con los muertos? Lo de Patxi López con las víctimas mortales del tren Alvia y del Iryo anuncia una bipolaridad inquietante en un portavoz parlamentario socialista que no improvisó. Es decir, dejó claro a sabiendas que las víctimas mortales de una tragedia evitable sólo son víctimas, o no, en función de la ideología de sus familiares. Son víctimas si son de izquierdas, y son sumisos peones de una estrategia contra el sanchismo si son de derechas. Eso es lo que sugirió en un pleno del Congreso. Eso es lo que afirmó nada menos que en un pleno del Congreso, lo cual demuestra algo que va mucho más allá del habitual despiste al que nos ha acostumbrado el único presidente de una autonomía socialista que lo fue gracias a los votos desinteresados del PP. Su desprecio a las víctimas sólo demuestra que Patxi López ha decidido reafirmarse como un don nadie de la política incapaz de entender el dolor. E incapaz de asumir con un mínimo de empatía que su gloria de oportunista del sanchismo se ha agotado. Y cuando dijo lo que dijo ufanándose de ello, como creyéndoselo de verdad, representaba a diputados de Huelva, de Córdoba, de Sevilla o de Madrid. Vaya papelón, vaya ceguera y vaya cobardía de todos ellos con su silencio y aplausos a Patxi López.
Qué pronto ha olvidado el PSOE aquellas palabras de la madre de Joseba Pagazaurtundua. “Haréis cosas que nos helarán la sangre”, dijo cuando supo con certeza que el PSOE se abrazaría a Bildu. Hoy, una consejera vasca socialista ha puesto en la calle al terrorista de ETA ‘Txeroki’ y al pistolero Arzalluz, asesino del periodista López de la Calle. El PSOE de antaño lloró aquella muerte, como la de nueve militantes socialistas acallados por las balas y bombas de ETA. Aquellas imágenes del asesinato de López de la Calle, con un paraguas descoyuntado, la lluvia fina cayendo sobre el asfalto, un cuerpo inerme cubierto y su sangre derramada calle abajo, diluyéndose en un fino hilo entre el agua de la tormenta, ya no estremecen a nadie del PSOE. Memoria histórica. Memoria democrática. Ese sanchismo invoca de vez en vez a Alfredo Pérez Rubalcaba como voz de autoridad, olvidando que fue él quien bautizó lo que hoy conocemos como coalición ‘Frankenstein’.
Y más muertos. El féretro de Franco balanceándose en un helicóptero. Y a Felipe González lo matan civilmente. El jarrón chino que desentona, dice una tal Ana Redondo, la misma que tuvo de guasa a todos los maltratadores con pulseras que eran una mierda. A cada mal del PSOE, un muerto. Siempre hay un muerto como coartada para ser utilizada a favor de obra. Sin miramientos, sin decencia en la memoria. A cada problema, un muerto. A cada relato, un muerto. A cada incoherencia, un muerto. Y bajo estas condiciones el PSOE empieza a no parecer un partido, sino un tanatorio. Cualquier día le tocará algo en la tómbola a Fernández Vara. Al tiempo. Lo relevante de estos días es que las bases del partido, un cúmulo creciente de alcaldes y concejales inquietos con la deriva delirante de un tipo como Pedro Sánchez que no conoce a nadie ni quiere a nadie, temen un batacazo sideral en 2027. Y han empezado a perderle el miedo a su falsa sonrisa y a su autoritarismo. Ya sabían desde hace meses que el sanchismo, como movimiento político sin controles, sin principios y sin valores, ha dejado de funcionar. Lo novedoso ahora no es la discrepancia con un modo obsesivo e ineficiente de ejercer el poder, con los lópeces, puentes, redondos, bolaños y monteros en trámites de suicidio político. Lo novedoso es que por primera vez Sánchez, como figura de liderazgo, como secretario general, como presidente del Gobierno, está dejando de infundir un miedo dominante en el PSOE.
A este Sánchez arrogante se le ha empezado a perder el respeto, y lo que era una evidencia que hasta ahora mucha militancia del PSOE sufría en silencio, como las almorranas, ahora emerge sin complejos. A Sánchez le han dicho esta semana que está arrastrando unas siglas centenarias por el barro, que sus trucos electorales de cartón piedra han dejado de funcionar, y que no parecen dispuestos a seguir blanqueando cada negligencia, cada error y cada incongruencia. Su aislamiento es cada vez mayor. El pasado viernes, la mirada y el rostro del ministro Bolaños lo revelaban todo. ¿Cómo expresar respeto a Lambán y a Sánchez a la vez? ¿Cómo cuadrar el círculo de no ofender más a los ‘lambanistas’ sin dejar en ridículo a Sánchez? En eso está lo que va quedando del sanchismo, en cuadrar un círculo imposible con caritas de circunstancias. Eso es hoy el sanchismo. Una legión de santaolallas para denigrar, pero sin cintura para ser denigrados. A Sánchez lo podrá vomitar el PSOE cuando el PSOE tome conciencia real de su toxicidad y del daño infligido por este sanchismo instalado e una realidad virtual y paralela. Y ese momento se acerca cada vez más.