Agustín Valladolid-Vozpópuli
- Sí, hay dos formas de entender el PSOE, dos modelos por ahora irreconciliables. Al menos hasta que se produzca el fallo multiorgánico que algunos pronostican
¡Claro que hay dos pesoes! No formalmente, pero desde luego que hay dos pesoes si nos atenemos a lo esencial: a la distinta visión que uno y otro tienen de lo que debe ser el partido. Uno: como mera plataforma de poder. Dos: como instrumento al servicio de la entera sociedad. Claro que hay dos pesoes con referentes enfrentados. Pedro Sánchez y José Luis Rodríguez Zapatero, por un lado; Felipe González y Alfonso Guerra por otro. Dos formas de entender la organización; pero no solo la organización. Hay otras notables diferencias de fondo. En política económica, que es la política fundamental; en política territorial. Y luego está el más notorio de los disentimientos: el que enfrenta a los que defienden la validez de la Carta Magna como base de convivencia con los que a diario restan valor al espíritu del 78 y parecieran estar dispuestos, llegado el caso, a rebasar el marco constitucional.
Hay dos pesoes porque no hay otra manera de explicar toda la bilis descargada estos días en medios y redes sociales por militantes socialistas contra Felipe González. Entre ellos ex dirigentes y ex altos cargos del felipismo, aparentes víctimas de un trastorno disociativo de la personalidad que les lleva a sentirse orgullosos del Felipe presidente del Gobierno y odiar al Felipe expresidente. Como si fuera él, y no otros, quien más hubiera cambiado. Se trata de una reacción tan comprensible humanamente como intelectualmente perezosa, en tanto que en la mayoría de los casos observados de lo que se acusa a González es de traición al partido -curiosa la especial inquina de los ex PCE- sin discutir en serio ni una sola de sus ideas, ni detenerse a rebatir con argumentos sus reflexiones.
Militancia versus votancia
Hay dos pesoes porque para unos la fidelidad al mando y la pertenencia al clan son fundamentos intocables de la acción política, mientras enfrente se sitúan los que anteponen a estos valores (sic) otros más transversales. Hay dos y no uno, porque si el oficialismo justifica que se pacte con el diablo para evitar que gobierne la derecha, los de espíritu más crítico consideran que no todo vale para impedir la alternancia. Y hay dos en lugar de uno porque si un sector cree que Felipe, al desvelar públicamente que no votará a este PSOE, ha traspasado la última línea roja que le quedaba por traspasar, el otro, de momento parece que minoritario, ha decidido oponer resistencia a quien ha desmontado de forma sistemática todas las barreras, políticas y morales, que protegían a la socialdemocracia del populismo.
Sí, hay dos pesoes, o un PSOE partido en dos fracciones desiguales. Pero una cosa es la militancia y otra la votancia. Y es ahí, en el territorio decisorio de las urnas, donde más efecto pueden tener las palabras de Felipe. Porque cuando llegue el momento, una parte del electorado socialista quizá haga lo que estuvo a punto de hacer en 2023 y no hizo: votar en blanco, como González (muy improbable), al PP (hoy poco probable) o quedarse en casa (bastante probable).
Hay dos pesoes: uno, el de la militancia, que se considera propietario exclusivo de las siglas; otro, aplastado por el cesarismo vigente, que respetaba las opiniones discrepantes y que en el pasado abrió las puertas del partido, y del gobierno, a muchos ciudadanos sin carné. Dos formas contrapuestas de entender el PSOE. Dos modelos por ahora irreconciliables. Al menos hasta que se produzca el fallo multiorgánico que algunos pronostican.
Sí, hay dos pesoes, aunque una de las partes no quiera escuchar a la otra y ninguna parezca dispuesta a aceptar el cisma.