Alberto García Reyes-ABC

  • Algún día sabremos el contenido exacto de los ‘Pactos de Txeroki’ firmados con los hijos políticos de la serpiente
De todas las afrentas que el sanchismo ha perpetrado contra el sistema, la que la historia le recordará con mayor rubor es la del pacto inconfeso con Otegi propiciado por el desconocido Cerdán. En el erial de este Gobierno sin presupuestos, sin apoyo legislativo, con un caso de corrupción en cada esquina, este Gobierno de los privilegios a Cataluña, de la ordinalidad, del apagón, de las catástrofes ferroviarias, del control soviético de las instituciones y de la propaganda más burda jamás vista en el CIS y en la televisión pública, sobresale una desvergüenza de dimensiones apoteósicas: los acuerdos con Bildu. Gracias a ese convenio opaco que el sanchismo firmó mojando la pluma en sangre con los adalides políticos de la banda terrorista ETA, quince de los asesinos más sanguinarios de la historia de España disfrutan hoy de un régimen de semilibertad que condena a la democracia, la humilla y la derroca. La cesión de las competencias penitenciarias al Ejecutivo vasco se ha traducido en un festival de beneficios a carniceros como Parot, que fue cazado en Sevilla cuando pretendía volar con 300 kilos de amonal la Jefatura Superior de Policía después de haber cometido otros 26 atentados como el de la casa cuartel de Zaragoza. Es insoportable que el departamento que está tramitando este oprobio, dirigido por la socialista María Jesús San José en virtud del pacto con el PNV, se denomine Consejería de Justicia y Derechos Humanos. Es insoportable. Es insoportable.

El PSOE está cumpliendo en su alianza territorial con el PNV la carta que Cerdán acordó con Otegi a cambio de sus votos en Madrid. La jugada a tres bandas es tan diabólica que sólo puede estar organizada por una partida de corruptos dispuestos a pasar la mano por el lomo a bestias como Gadafi, cuya hija ahora se dedica a dar charlas sobre «luchas personales y políticas de los presos políticos», invitada por Bildu, el socio más leal del sanchismo. Carasatorre, Setién, Gogeaskoetxe, Mújika Goñi, Olarra Guridi, Zelarain, Idoia Mendizabal, Troitiño o Makazaga Azurmendi, beneficiados en la tómbola de Cerdán y su socio de tropelías Antxon para llevar a Pedro Sánchez a La Moncloa, acumulan un par de miles de años de cárcel en sus expedientes penales mientras pasean entre aplausos por las calles vascas. Pero algún día sabremos el contenido exacto de aquellos ‘Pactos de Txeroki’ que el partido de los asesinados Fernando Múgica, Buesa, Juan María Jáuregui, Ernest Lluch o Joseba Pagazaurtundua firmó con los hijos políticos de la serpiente, ríase usted del ‘Pacto de Estella’, mientras levantaba un muro en nombre de la democracia contra políticos que nunca usaron pasamontañas. Esta ignominia sonrojará para siempre a quienes, como la vicepresidenta Yolanda Díaz, se afanan con servil empalago en encumbrar a Sánchez en el lado bueno de la historia. La historia dirá quién llevó a España de la ‘doctrina Parot’ y el espíritu de Ermua a la ‘vía Txeroki’. Tiempo.