Rebeca Argudo-Abc

  • ¿Se imaginan a Andrea Fernández descubriendo que a Hitler le gustaba la ópera?

La izquierda española es esa novia tóxica siempre enfurruñada a la que, si se pregunta, dice que no es lo que uno ha dicho sino cómo lo ha dicho. Por eso, en el asunto del burka, el que no enreda con la semántica (eso no es un burka, es un niqab) lo hace con la emoción (vuestra preocupación no es sincera). Como argumento de autoridad, no solo es pueril sino tramposo, ya que eleva a hecho probado lo que solo es maliciosa sospecha. No contentos con fabricar un enemigo a su medida, uno eminentemente malo para asegurarse, por descarte, la condición de bueno (esa manía de moralizar el debate, antes de arrancarlo siquiera, con una petición de principio autoindulgente), son capaces de despreciar una buena idea solo porque el emisor les resulte despreciable. Y así es como se llega al bochornoso espectáculo de una Andrea Fernández, exsecretaria de igualdad del PSOE, diciendo que «todo atuendo destinado a ocultar la identidad de las mujeres por el hecho de serlo parte de lógicas machistas» y «esto es rechazable», pero (cabronas son las adversativas) «esto no abre la puerta a su racismo, xenofobia y supremacismo». Así que votan «no» a la prohibición de una cárcel textil que discrimina, oculta y somete a la mujer porque es mejor, en su particular manera de entender la política, llevar la contraria al oponente que reconocer que en lo mínimo puedan estar de acuerdo. La evolución del «no es lo que has dicho, es cómo lo has dicho» a «no es lo que has dicho, es que lo has dicho tú». Y esta izquierda española, desquiciada y revanchista, prefiere que algunas mujeres queden desprotegidas a votar que sí a una propuesta ajena. ¿Se imaginan a Andrea Fernández descubriendo que a Hitler le gustaba la ópera? ¿Que su legislación en materia de protección animal fue de las más avanzadas a su tiempo? ¿Que Mussolini estableció un sistema de seguridad social y seguros laborales? Fernández decidiendo que no piensa volver a cordarse los zapatos porque Franco también se los cordaba para no pisárselos y caer de bruces. Sin embargo, este gobierno de mayoría aritmética por suma de minorías, es el más feminista de la historia. Aunque haya decidido que es mejor tapar con un trapo a algunas mujeres, como si fuesen loro que no calla, solo por conjeturar maldad en el otro. Porque ahí está el truco: en presuponer que el otro siempre actúa por maldad para que, por arte de birlibirloque y la magia de la contraposición, cualquier cosa que uno diga sea dicha por bondad. Sin mayor evidencia probatoria que la oposición misma. La izquierda española es, en fin, la homeopatía de la moral: una dosis de buenas intenciones convenientemente diluída, hasta que apenas queda molécula detectable, para sentir que uno es mucho mejor que nadie. Independientemente de los resultados reales, que eso es de fachas y cobardes.