Cristian Campos-El Español
  • La derecha posmoderna habla ya abiertamente de «ganar la guerra cultural» en los úteros y no en las televisiones, las universidades y los partidos políticos.

1.Qué es la NatalCon y por qué debería importarnos en España

NatalCon es el nombre de una conferencia celebrada en Texas donde se reúnen activistas, intelectuales y gurús de internet que comparten una obsesión: la de que las raquíticas tasas de natalidad en Occidente van a destruir nuestra civilización y, con ella, la democracia, los derechos humanos y todo lo que nos gusta y celebramos, aunque el progresismo diga que no lo necesitamos para nada.

La NatalCon es la Feria del Cómic de la natalidad. Hay mesas redondas, charlas y reuniones de trabajo, pero en lugar de superhéroes hay niños, familias numerosas y discursos apocalípticos, y no tan apocalípticos, sobre el invierno demográfico de Occidente.

Su novedad no es hablar de ayudas a la familia (eso es más viejo que el hambre, además del recurso fácil con el que los partidos conservadores se quitan de encima el problema) sino convertir la natalidad en estrategia política a largo plazo.

En el eje de la futura batalla cultural.

Al fondo a la derecha de la NatalCon late, en cualquier caso, una evidencia difícil de soslayar: la prosperidad elimina los incentivos para tener hijos.

Y por eso parece una regla no escrita de la raza humana que ninguna civilización durará más allá de unos pocos siglos, devastada por sus generaciones más prósperas, abúlicas y quejicosas.

2. El proyecto: ganar por la fuerza de los úteros, no de las urnas

En el universo NatalCon conviven católicos más o menos tradicionalistas, nacional‑conservadores, libertarios tecnófilos (los «tecnoligarcas» de Pedro Sánchez) y la derecha alternativa.

Sus diferencias ideológicas son grandes, pero comparten una idea: la batalla no se gana intentando convencer al votante medio, ese que (en el caso de España) cree que Silvia Intxaurrondo es una gran periodista y Pedro Sánchez un hombre muy guapo que ha tenido la mala suerte de coincidir con un ultraderechista como Alberto Núñez Feijóo en la oposición, sino teniendo muchos hijos propios que hereden tu visión del mundo.

De ahí que en la NatalCon se hable abiertamente de «ganar la guerra cultural» en los úteros y no en las televisiones, las universidades y los partidos políticos.

No es solo «más ayudas para guarderías», sino «más hijos nuestros y menos de quienes consideran que tener hijos es fascista (aunque luego los tengan y los adoctrinen en ese sentido)».

3. Elon Musk: la versión tecnolibertaria del movimiento natalista

Elon Musk es el altavoz global de este miedo demográfico.

Musk, padre de catorce hijos con cuatro mujeres distintas (Justine WilsonGrimesShivon Zilis y Ashley St. Clair), lleva años repitiendo que «el mayor peligro para la civilización» no es el cambio climático ni la inteligencia artificial, sino que nazcan pocos niños.

Él mismo, claro, se presenta como ejemplo del remedio.

Su enfoque es tecnocrático, utópico y casi de ciencia ficción. Sin suficientes bebés no habrá ingenieros, emprendedores, exploradores, pioneros, soldados ni colonos en Marte para sostener y defender el progreso de la humanidad y la conquista del universo.

Y ese mensaje, aparentemente neutro, encaja muy bien con el mundo NatalCon, que pone la reproducción en el centro del proyecto político.

4. Louise Perry y la revolución sexual: el giro feminista conservador

Frente a esta galaxia pronatalista, la británica Louise Perry llega al mismo sitio desde otro lugar: el feminismo conservador.

Su tesis, expuesta en su libro Contra la revolución sexual de 2022, es que la revolución sexual (la píldora, el aborto legal, la cultura del sexo casual) ha tenido efectos que han beneficiado sobre todo a los hombres más agresivos y que han hecho a las mujeres más vulnerables y tristes, no más libres y felices.

Perry no dice que haya que volver a 1950, pero sí que el ideal de «sexo como producto de consumo desechable» ha sido una mala apuesta para la mayoría de las mujeres. Perry quiere una contrarrevolución sexual, pero pensada desde la protección de ellas, no desde la ingeniería demográfica.

5. Anticonceptivos: libertad con cabeza versus prohibición pura y dura

Aquí aparece una diferencia clave.

Entre los sectores más duros de la NatalCon, los anticonceptivos son vistos como parte del problema: desde el punto de vista de esos sectores, separar sexo y maternidad ha destruido las viejas normas familiares y hundido la natalidad. Y de ahí que algunos coqueteen con la idea de restringirlos o, como mínimo, de dificultar su acceso.

Perry, en cambio, critica la cultura creada en torno a la anticoncepción (que parte de la fantasía progresista de que el sexo no tiene costes), pero no propone prohibir la píldora.

Para ella, la cuestión no es quitar herramientas a las mujeres, sino cambiar un sistema que las empuja a aceptar relaciones que no las benefician. La píldora, el aborto y el sexo cutre casual no son la causa, sino la consecuencia de la destrucción de los valores tradicionales provocada por el progresismo.

6. Del laboratorio anglosajón al debate español

Para un lector español, todo esto puede sonar muy lejano, pero el guion se reconoce. Aquí se habla de «invierno demográfico», de «España vaciada» y de «la estafa piramidal de las pensiones».

El debate es el mismo, pero el acento se pone en otros lugares.

Los mensajes de Vox sobre elegir entre «natalidad o inmigración» traducen, a nuestro contexto, la intuición central de la NatalCon: es mejor tener hijos propios que depender de la llegada de extranjeros cuyos valores son incompatibles con los de la cultura que les ha acogido.

La diferencia es que en España aún no hay un gran congreso natalista, pero sí una importación constante de ideas húngaras, italianas y estadounidenses sobre familia, identidad y fronteras.

Y las ideas natalistas ya están permeando.

Y de ahí el aumento de los españoles que se definen como cristianos.

7. Tres corrientes natalistas que ya vemos aquí

Adaptado al contexto español, pueden distinguirse tres corrientes.

Una, la social‑católica: quiere más ayudas a la familia, fiscalidad favorable a familias numerosas y refuerzo del matrimonio. Grosso modo, esta corriente está representada en los sectores conservadores del PP.

El presidente de Vox, Santiago Abascal, junto a Alejandro Nolasco, el 6 de febrero de 2026, en Zaragoza.

El presidente de Vox, Santiago Abascal, junto a Alejandro Nolasco, el 6 de febrero de 2026, en Zaragoza.

Dos, la identitaria: liga natalidad a nación y cultura («si no tenemos hijos, nos sustituirán»). Esta es la de Vox.

Tres, la moralista‑biopolítica: asocia la baja natalidad con el feminismo, el aborto, la anticoncepción y la demonización de la familia nuclear (que ha sido sustituida por el paternalismo estatal), y plantea reconsiderar el sistema entero como condición para que vuelvan los niños.

Las tres se rozan en el discurso público, aunque no siempre se atrevan a decirlo todo en voz alta.

8. Por qué Louise Perry es la clave

'Contra la revolución sexual', de Louise Perry.

‘Contra la revolución sexual’, de Louise Perry.

La posición de Perry ofrece una tercera vía interesante para un lector español que desconfíe tanto del discurso tecnocrático de Musk, muy alejado de la realidad latina, como del moralismo duro de ciertos sectores conservadores, que tiene difícil arraigo transversal.

Su crítica señala fallos reales: una cultura sexual donde el consentimiento formal convive con mucha presión, pornografía omnipresente, aplicaciones de citas y soledad no deseada.

De ese diagnóstico no se deduce, sin embargo, que haya que despojar a las mujeres de los anticonceptivos, sino revisar normas sociales y expectativas que hoy benefician a los hombres y dejan a muchas mujeres emocionalmente incineradas.

Apoyan la tesis de Perry estudios recientes, principalmente centrados en Estados Unidos, que han detectado una correlación notable y muy directa entre la ideología política progresista y tasas más altas de depresión y problemas de salud mental, muy particularmente en mujeres jóvenes blancas, los seres humanos más infelices del planeta de acuerdo a esos estudios, con mucha diferencia sobre cualquier otro grupo social.

¿Por qué las mujeres más libres de la historia de la humanidad son también las más infelices de la historia? El progresismo dice «porque las mujeres han de parecerse todavía más a los hombres para ser tan felices como ellos». Los natalistas dicen «porque se las ha convencido de que deben imitar a los hombres en vez de dejarse llevar (como hacen ellos) por su naturaleza».

9. La pregunta clave: ¿quién paga el precio del pronatalismo?

El debate real no es menos «natalidad sí o no» sino «quién va a pagar el coste de subir la natalidad».

En la tesis de Musk, la responsabilidad se diluye: todos deberíamos tener más hijos «por el bien de la humanidad».

En la versión natalista dura, el peso recae sobre las mujeres, que deberían renunciar a la libertad sexual (entendida al modo progresista, es decir, como una réplica de lo que un hombre entiende por «libertad sexual»).

En la versión de Louise Perry, el foco se desplaza: lo que hay que revisar no es solo cuántos hijos nacen, sino qué tipo de mercado sexual y afectivo soportan las mujeres antes de decidir si quieren ser madres.

10. Por qué este debate nos concierne aunque no vivamos en Texas

Aunque nadie en España haya oído hablar de la NatalCon, las intuiciones y el sentido común que la animan ya están aquí: el miedo al declive, a la pérdida de la libertad y de la prosperidad generada por las democracias occidentales, la nostalgia de las familias amplias y fuertes, y las reticencias hacia el feminismo radical y la inmigración ilegal descontrolada.

La pregunta es ¿queremos una contrarrevolución sexual para proteger a las mujeres de quienes dicen defenderlas, aunque en realidad las están haciendo mucho más infelices, o para poner sus cuerpos al servicio de un proyecto nacional, religioso o tecnológico?