Iñaki Ezkerra-El Correo

  • No logran que Vox se vaya pero sí que la mujer sea la cenicienta de la izquierda

Es un nuevo invento de nuestra izquierda así como un obvio síntoma del absurdo al que hoy se ha llegado en la pugna política: el burka feminista. El que más a fondo se ha empleado en la defensa de esa contradicción ‘in terminis’ y del derecho inalienable de la mujer a ir por la calle tapada como un penitente de Semana Santa ha sido Patxi López, que ha calificado el burka de ‘expresión de libertad’ aunque haya por ahí gente reaccionaria que lo denomina infundadamente ‘cárcel de tela’. Yo, la verdad, estaría a favor del derecho inalienable de Patxi López a acudir al Congreso de los Diputados enfundado en una escafandra si es que se lo obliga su religión.

Patxi López es tan progresista que es un progresista de remate y un feminista de capirote. Pero no está solo. Contra la iniciativa de Vox de prohibir cualquier prenda que cubra el rostro de las mujeres en nuestro suelo han votado como un solo hombre (y nunca mejor dicho) el PSOE en pleno, Sumar, Podemos, ERC, Bildu, PNV… y los representantes de Junts, que llegan en sus contradicciones al paroxismo porque juzgan intolerable la invisibilización textil de la mujer pero a la vez rechazan la proposición de ley que acabe con esa lacra «porque está mal hecha» y «no pasaría los filtros europeos». Para Junts, una ley bien hecha y de verdad europeísta sería aquella que fuera envuelta en el lote de un decreto ómnibus que incluyese la trasferencia a Cataluña de las competencias estatales en materia de seguridad e identificación de personas. Y en una contradicción nada distante a esa de Junts andan la diputada socialista Andrea Fernández o el propio Rufián, que odian el burka profundamente pese a que ambos han votado a favor de que semejante imposición heteropatriarcal siga vigente en España.

«Ni burka ni Vox». Este es lema que une a estos últimos, con el cual no han logrado que Vox se vaya, pero sí que el burka se quede y que la mujer sea la eterna cenicienta de la izquierda. No voy a negar que en las motivaciones de Vox para presentar ese proyecto de ley haya un prejuicio racial y un espíritu extemporáneo de cruzada, pero este se cuida muy bien de ocultarse en el argumentario que avalaba su propuesta y que se ceñía a la defensa de la dignidad de la mujer, de la convivencia y de la seguridad ciudadana. ¿Cuál es entonces el problema? ¿Es más importante negarle a Vox esa pequeña baza moral que reafirmar los derechos de la mujer? ¿Tan débil es la izquierda y escasa su capacidad dialéctica? Objetivamente, no es de recibo cubrir a un sexo con un saco de arriba a abajo. Como no lo era la capa española en la época de Carlos III. Y como no lo sería entrar en un banco con una careta de Frankenstein y acusar al guarda jurado que nos para de ser un enemigo del género gótico.