Rosa Belmonte-Abc

  • Las licencias para la bondad y la maldad, para colocar en el lado correcto las tiene Rufián

Tiene Rufián un «que viene el lobo» muy pelma. No la derecha y la ultraderecha. No el fascismo abstracto y remasterizado. Su asustaviejas es algo concreto: Abascal como ministro del Interior. Como cuando vimos entrar en ‘El ala oeste’ al republicano Glen Allen Walken para sustituir a Bartlett durante el secuestro de su hija. Un enorme John Goodman que daba pánico en la Casa Blanca. Era como Cangrejo, el nieto de Raúl Castro, ese muchacho que anda entre Hulk y Juliancito Ordóñez.

Con el proyecto de unir a la izquierda, pretende Rufián «ganar, provincia a provincia, escaños a Vox». Le debe de parecer que un Abascal vicepresidente da menos miedo que un Abascal ministro del Interior. Un genio tenebroso sin lo de genio. Es decir, un Fouché, en palabras de Zweig, sin la brillantez. Debería cambiar el ministerio asustador, porque el de Interior no es una reserva moral y virtuosa del Gobierno con Marlaska (ni con Jorge Fernández Díaz). Pero estamos con el señor que, cielos, fue juez. Las licencias para la bondad y la maldad, para colocar en el lado correcto las tiene Rufián y lo inmaculado que él representa. Fouché, ministro de Policía de Napoleón y de Luis XVIII, era un malvado, según Zweig. Según Fouché en sus propias ‘Memorias’, ni por asomo. La mentira y la traición eran su marca. Fouché y Talleyrand, dos listos con suerte. El vicio apoyado en el brazo del crimen. Pero hoy y aquí ni tenemos a Fouché y Talleyrand ni a un Zweig que los escriba. Por mucho que pensemos en políticos españoles actuales como oportunistas, no se acercan a la genialidad de esos dos elementos. Da igual, porque tampoco se premia la brillantez.

Zweig, pensando que los Fouchés y otros peores iban a ganar se suicidó con su mujer en 1942. No sé si llegó a decir algo parecido a «tengo miedo como demócrata». No tuvo paciencia. Los malvados perdieron, pese a que los malvadillos se reproduzcan. La ambición de Fouché reunía todas las astucias menos una: saber renunciar a tiempo. Cómo Marlaska no va a saber lo que pasa en la Policía. Cómo el MI5 y el MI6 no iban a saber lo que hacía Andrés de Inglaterra.