Mikel Buesa-La razón
- La universidad es un paquidermo, una institución progresivamente inadaptada que reclama dinero para seguir reproduciendo su inmovilismo y aumentando su ineficiencia
En Madrid –y me temo que en otras regiones de España– ha estallado una crisis en las universidades públicas que ya ha tenido repercusiones políticas con el relevo del consejero del ramo. Curiosamente, los gobiernos autonómicos tienen pocas competencias en materia universitaria, aunque atesoran la llave de la financiación frente a unos rectores que acumulan un poder desmesurado en nombre de la autonomía de las instituciones en las que lo ejercen. Y ahí se encuentra la raíz de un conflicto que se resume en una queja generalizada de falta de recursos. En eso consiste la crisis, según los dirigentes universitarios; en que ya no pueden mantener unos gastos que, vistos en perspectiva, son excesivos, aunque esto último se obvia porque no quieren reconocer su impericia, cuando no su negligencia, para adaptarse a los cambios que ha experimentado la sociedad en los últimos tiempos. Unas transformaciones que vienen de la mano de la demografía –pues la caída de la natalidad ha conducido a una minoración de las cohortes de población estudiantil–, el aumento de la competencia –con la irrupción de las universidades privadas– y el ensanchamiento de las tecnologías docentes –con los estudios a distancia, principalmente–. Tomemos el ejemplo de la mayor de esas universidades, la Complutense. Hace 35 años albergaba a 130.000 alumnos y 5.000 profesores; pasados tres lustros, poco antes de la crisis financiera internacional que dio lugar a unas ineludibles políticas de austeridad, los primeros habían descendido a 80.000, en tanto que los segundos se incrementaron hasta los 6.000; y actualmente, después de otras dos décadas, quedan 60.000 estudiantes y la plantilla docente ha vuelto a aumentar hasta los 6.800. O sea que, mientras los receptores de la enseñanza se han quedado en menos de la mitad, los medios docentes se han ido abultando en más de un tercio. Mientras tanto, las estructuras, las facultades y escuelas, los edificios e instalaciones apenas han registrado cambios. Y lo mismo cabe decir de la organización docente. La universidad es un paquidermo, una institución progresivamente inadaptada que reclama dinero para seguir reproduciendo su inmovilismo y aumentando su ineficiencia. No es esto lo que se espera de la elite intelectual del país y el poder político debe corregirlo.