- La ruptura del vínculo transatlántico y la búsqueda del reemplazo de la disuasión nuclear estadounidense por una disuasión nuclear europea por parte de Francia y Alemania es algo que no nos podemos permitir y conduce a una carrera nuclear de imprevisibles resultados
En los últimos meses se ha venido a incorporar al debate público sobre el incremento de la asunción de responsabilidades en asuntos de defensa por parte de los miembros de la Unión Europea la posibilidad de generar un instrumento de defensa, denominado ‘Ejército europeo’ o, más recientemente, tras constatar el rechazo que ese término generaba, el de una ‘fuerza permanente europea’ de unos 100.000 militares, a fin de ser empleada como fuerza de acción rápida o de respuesta inmediata en nombre del conjunto de la Unión Europea.
En mi opinión, una fuerza de tal naturaleza solo representaría, en el mejor de los casos, una redundancia sobre las fuerzas permanentes de la Alianza Atlántica, ya articuladas sobre la base de los habituales procedimientos de generación de fuerzas que las naciones de la Alianza vienen practicando de forma regular. Redundancia, como digo, en el mejor de los casos, ya que también podría representar la asunción de elevados costes adicionales en un período de tiempo en el que estamos empeñados en incrementar nuestra inversión para la adquisición de nuevas capacidades o, en el peor de los casos, una indeseable competición con la OTAN, base de la defensa de nuestro continente, en la disponibilidad de los recursos humanos para una estructura o para la otra. Lo que ya funciona, y muy bien, sería mejor no alterarlo ni trastocarlo.
Como recordarán, ya el anterior Alto Representante para la Política Exterior, de Seguridad y de Defensa de la Unión Europea, el señor Borrell, abandonó el proyecto de constituir un ejército europeo, al mismo tiempo que se aprobaba la Brújula Estratégica para la Unión Europea en 2022, al poco tiempo de que le explicaran las pocas ventajas y los muchos inconvenientes que la generación de dicho ejército representaba.
En su intervención en una Conferencia de Defensa titulada «Europa bajo presión» celebrada en Estocolmo el pasado 11 de enero, el Comisario de Defensa de la Unión Europea, Andrius Kubilius, manifestó que, nos encontramos frente a dos retos. Por una parte, la amenaza rusa y por otra la eventual retirada de los aliados estadounidenses hacia el indo pacífico. También manifestó, en su intervención, que el Alto Representante Borrell había calificado a las actuales fuerzas militares nacionales como ‘ejércitos bonsái’. El Comisario extraía de esa afirmación la necesidad de que empecemos a invertir recursos para que seamos capaces de combatir como Europa y no solamente como una colección de 27 ‘ejércitos bonsái’ nacionales.
Después se adentraba en una serie de comparaciones entre los 27 ejércitos nacionales de la Unión Europea y el único Ejército nacional de los 50 estados de los Estados Unidos, eludiendo el asunto, no menor, de que el único Ejército nacional de los 50 estados era el garante de la soberanía e integridad territorial del conjunto de la nación, como lo son para cada una de sus respectivas naciones todos y cada uno de los ejércitos nacionales de las naciones soberanas que constituyen la Unión Europea.
Finalmente, se preguntaba en voz alta: Si los americanos se desplazan desde Europa a otro teatro, ¿cómo crearemos el pilar europeo de la OTAN? ¿Quién será el Saceur europeo? ¿Cuáles serán las capacidades de mando y control europeas? Y ¿el cuartel general europeo? Y más importante, ¿cómo reemplazaremos los 100.000 militares americanos desplegados en permanencia en Europa si no tenemos una fuerza militar europea de 100.000 militares?
Concuerdo en cuanto a lo de los cuarteles generales o lo de los órganos de mando y control, que habrían de ser europeos, aunque multinacionales, pero no en lo de la Fuerza Militar europea de 100.000 militares, y menos aún interpretada como una alternativa a los 27 ‘pequeños’ ejércitos nacionales.
En mi opinión, esto es absurdo. Como nos demuestra el conflicto de Ucrania, 100.000 militares no son suficientes para mantener la capacidad de combate durante un período de tiempo prolongado. Hay que tener capacidad de movilizar y de regenerar fuerzas de combate consumidas. En las guerras se juega el ser o no ser de las naciones y de su mantenimiento en el tiempo. Las comunidades nacionales, como lo están haciendo ahora mismo Rusia o Ucrania, se entregan al completo en la defensa de su propia existencia. Lo hacen por sus pueblos. ¿Existe el pueblo europeo? ¿Qué normativa europea impondría una capacidad de movilización de ciudadanos europeos más allá de los 100.000 efectivos cuando fueran necesarios?
Del mismo modo, el avance en este concepto en el sentido de que, para armonizar capacidades y no duplicarlas, no sería necesario que todas las naciones tuvieran todo tipo de sistemas de armas para no tener «demasiados» cazas o «demasiados» carros de combate o «demasiados» buques de guerra lo considero, igualmente, desacertado. Al ser cada conjunto de Fuerzas Armadas nacionales responsable de la defensa, soberanía, independencia e integridad territorial de su respectiva nación, debe disponer de las capacidades necesarias «de todo tipo» que le permitan garantizar el cumplimiento de sus cometidos a nivel nacional y disponer de recursos adicionales para aportarlos a la defensa colectiva.
El Ejército europeo ya existe. Es la OTAN, en la que los Estados Unidos aportan, significativamente, su disuasión nuclear, y en la que el resto de los aliados debe estar en condiciones de asegurar con fuerzas convencionales, como mínimo, la seguridad e integridad territorial de su propio país y contribuir, también a la seguridad colectiva. En mi opinión, poner eso en tela de juicio es irresponsable.
La ruptura del vínculo trasatlántico y la búsqueda del reemplazo de la disuasión nuclear estadounidense por una disuasión nuclear europea por parte de Francia y Alemania es algo que no nos podemos permitir y conduce a una carrera nuclear de imprevisibles resultados. En mi opinión, nuestra línea debe seguir siendo la del respaldo firme a la Alianza Atlántica con lealtad mutua entre ambos lados del Atlántico. La adaptación de su despliegue, con la asunción de responsabilidades proporcionales al volumen de las naciones de la Unión Europea en el ámbito de las fuerzas convencionales, son la única manera de interpretar lo que erróneamente denominamos como Ejército europeo.
- Fernando Adolfo Gutiérrez Díaz de Otazu es general de División del Ejército de Tierra en situación de retiro