Editorial-El Correo

  • Sobrevive a cuatro años de invasión masiva rusa mientras lidia con el hostigamientode EE UU y de los aliados de Putin en la UE

Apunto de cumplirse, el martes, cuatro años del comienzo de la invasión masiva rusa, Ucrania ha ridiculizado las expectativas que Vladímir Putin depositó en su ‘operación militar especial’ para apartar al país vecino de su decidida vocación occidental y devolverlo al yugo de Moscú. El mérito es aún mayor si se recuerda que el expansionismo del Kremlin arranca en realidad en 2014, con la ocupación y anexión ilegal de Crimea y el inicio de la incursión en el Donbás mientras el mundo prefería mirar hacia otro lado. El 24 de febrero de 2022 fallaron las predicciones de una toma de la capital en tres días, pero Kiev ya pudo intuir el gran obstáculo para el futuro inmediato. «Necesito munición», respondió Volodímir Zelenski cuando Joe Biden le ofreció ayuda para escapar.

Cuatro años después, Ucrania mantiene a seis millones de ciudadanos dispersos por el mundo y afronta las consecuencias de una imperialismo ruso apenas disuadido por tres presidentes débiles en Estados Unidos, al que se añade la desorientación y la falta de liderazgo en el espacio político al que aspira a pertenecer. Ni la Unión Europea ni la OTAN tuvieron nunca un plan para defender la soberanía e integridad territorial de la nación invadida. «El gran error fue no darle más apoyo y antes», admite ahora el ex secretario general de la Alianza Atlántica, Jens Stoltenberg. Rusia ha estabilizado una guerra de desgaste, producción masiva de armamento y movilización constante de tropas, respaldada por China, Irán y Corea del Norte. Ucrania se ha vuelto experta en adaptarse a las limitaciones que le imponían sus aliados, particularmente la debilidad en defensa aérea. Una inferioridad que en el último año, con Donald Trump de regreso en la Casa Blanca, se ha vuelto dramática para los civiles que soportan los constantes ataques rusos en medio del peor invierno de la guerra.

Con el diálogo para un alto el fuego bloqueado por la presión de Rusia y EE UU para que capitule, a Ucrania solo le queda Europa. Los acuerdos para estabilizar el apoyo financiero y militar a Kiev se ven sacudidos por el doble juego que practican aliados de Putin y de Trump como Hungría y Eslovaquia. Orbán y Fico ni siquiera contribuyen al préstamo comunitario de 90.000 millones, por lo que Bruselas no puede ceder a la amenaza de ambos de bloquear el crédito –días después de recibir la visita de Marco Rubio– y dejar de enviar diésel y electricidad para agravar la emergencia energética de los ucranianos.