Rebeca Argudo-ABC

  • La izquierda, en cuanto algo falla ahí dentro sale con aquello de que es porque ‘eso’ no era realmente de izquierdas

Para sorpresa de nadie, cuatro formaciones del espacio a la izquierda de la izquierda han decidido unirse de cara a las elecciones de 2027 para, cuando lleguen al poder, solucionar los problemas que no han solucionado mientras ya estaban en el poder. Unos días antes, Rufián llamaba a la movilización de las izquierdas, pero no tengo claro que su idea de movilizarlas pasara por una alianza que en la escenificación de su reválida no contara con su presencia. Ni con la suya ni con la de Podemos, cuyo líder supremo devenido en ideólogo en la sombra con mandil recomendaba hace unos días a ‘su’ partido no entrar en «esa jaula de grillos» (como si ‘su’ partido hubiera sido en algún momento otra cosa distinta). Así, lo que tendríamos con esta revalidación de la unión de las izquierdas sería la evidencia de la desunión de todas las izquierdas. Para que nos entendamos sin perdernos: tendríamos, por un lado, al pecio de Podemos que, cualquier día, a este ritmo de perder votos e influencia, pasa de formación política a asociación cultural con sede en la trastienda de la taberna del jefe; por otro lado, a Rufián haciendo lo imposible por convencer a alguien para quedarse en Madrid mientras lucha de lejos por la independencia de Cataluña, con cargo y sueldo que la vida en el infierno está muy cara; y, por otro, reducción de Sumar (a lo Pedro Ximénez) con aroma de fracaso y apoyo de separatistas pero sin nombre ni líder ni perrito que le ladre, que todo eso ya sobre la marcha lo vamos viendo. Luego, ya, la izquierda y, a partir de ahí, ya todo ultraderecha, caos y desolación.

Lo de la izquierda refundándose, este guirigay de los de las buenas intenciones sin atender a resultados, es ya un clásico de la política española (como el tiro en el pie del PP cada vez que Pedro Sánchez está contra las cuerdas). La izquierda, en cuanto algo falla ahí dentro, en cuantico los vaticinios electorales no soplan de cara, sale con aquello de que es porque ‘eso’ no era realmente de izquierdas, o no era lo suficientemente de izquierdas o la derecha ha impedido que se hiciera tan bien como lo hubiese hecho la izquierda si le hubiesen dejado. Así, la izquierda (la Verdadera Izquierda, la idea superior de izquierda) siempre está a salvo del fracaso y de la responsabilidad, y siempre será este último intento, el actual, el bueno. El que de verdad será de izquierdas, muy de izquierdas, y saldrá bien por fin (confíen en nosotros). Da igual que sean siempre los mismos, con las mismas ideas, el mismo proyecto, pero otro nombre: siempre hay una nueva izquierda en la recámara lista para salvar, esta vez sí, al mundo del desastre.

Con todo, reconozco que me gusta la última ocurrencia exótica del exvicepresidente cuarto o quinto devenido en tabernero: presentar a las elecciones en Madrid a Sarah Santaolalla para desbancar a Ayuso. Ahora que hemos perdido a Bob Pop en la carrera por Barcelona, yo no renunciaría al esperpento. Es la candidata pintiparada, como Chikilicuatre lo fue para Eurovisión.