Jesús Cuadrado-Vozpópuli
- Cada vez menos afiliados (el nivel más bajo de Europa) y más subvenciones del Gobierno
La teatralización con la subida del salario mínimo protagonizada por Pedro Sánchez, Yolanda Díaz y los secretarios de los dos sindicatos, José Álvarez y Unai Sordo, dejó una expresiva foto de familia. ¡Unidos contra la patronal! La vicepresidenta alabó al presidente por situarse en el lado correcto de la Historia, y ya sabes qué quiere decir con eso alguien formado en las Juventudes Comunistas. Por su parte, los sindicalistas “de clase” recogían nueces. Para entendernos: si la afiliación a sus organizaciones cae sin parar, las subvenciones recibidas del Gobierno amigo no paran de crecer. De 8,9 millones de euros a 32 en siete años. Las pérdidas por caída de cuotas sindicales se compensan con dinero del contribuyente.
¿Sindicatos sin afiliados? Como señalan los datos de la OCDE analizados por Funcas, España está a la cola en porcentaje de afiliación sindical con un 12% de los asalariados, por debajo de los países nórdicos, con 70%, o Italia, con 30%. Ni a los más fanáticos se les puede pasar que el nivel de afiliados depende del grado de confianza en las organizaciones sindicales. La realidad, sin camuflaje, retrata el fracaso del modelo sindical de tradición anticapitalista, en la que los sindicatos son apéndices de partidos políticos afines, frente a la opción socialdemócrata nórdica, donde el éxito se mide por beneficios logrados para los trabajadores. La tasa de afiliación no engaña. Si te fijas en las encuestas, comprobarás que, si en Dinamarca las organizaciones sindicales tienen un enorme prestigio, en España, su valoración está por los suelos.
Se entiende bien si te fijas en qué hacen unos y qué hacen otros. En el país nórdico, los sindicatos son apreciados especialmente por los niveles de éxito en sus cursos de formación para trabajadores en paro. En España, su imagen está inevitablemente unida al indecente caso de los ERE. El exitoso sistema laboral danés va asociado al modelo de la flexiseguridad. En síntesis, consiste en centrarse en las negociaciones con los empresarios, que no enemigos, y se deja la disputa política a los partidos. Han logrado que quienes pierden el empleo cuenten con una protección social envidiable, lo que facilita la adaptación de las empresas que tienen dificultades. Los parados reciben ofertas de formación atractivas, que se traducen en reincorporaciones rápidas a nuevos puestos de trabajo. Negociaciones laborales eficientes consiguen salarios altos que se hacen depender de las mejoras de productividad. No necesitan salario mínimo por decreto. Acuerdan con las empresas retribuciones mínimas elevadas por sectores, respetando situaciones concretas. Para los menos productivos, como hostelería y limpieza, 17 euros/hora. Más del doble que lo firmado por los de la foto.
Salarios y desempleo juvenil
La pésima imagen de UGT y CCOO, ganada a pulso, tiene consecuencias para las condiciones de vida de los trabajadores. En Dinamarca, gracias a las negociaciones que ponen en primer lugar objetivos de productividad y competitividad de cada empresa, como si les fuera la vida en ello, tienen resultados de los que enorgullecerse. El salario medio actual supera los 4.000 euros mensuales, frente a poco más de 2.000 en España. La temporalidad no deseada es casi inexistente, a diferencia de la española, por las nubes, a pesar de la trampa Yolanda de los fijos discontinuos. El paro juvenil es menos de la mitad que el de España, y el total, casi un tercio.
El fracaso de los sindicatos liderados por Sordo y Álvarez, centrados en ayudar a ministros camaradas chamuscados, como Mónica García y Oscar Puente, tiene mucho que ver con los datos de pobreza laboral insoportables y con pérdida de poder adquisitivo de los salarios, récords en Europa. Estos días participan activamente en disputas por el liderazgo en las ultraizquierdas residuales, en lugar de preocuparse por la seguridad de los ferroviarios o por las guardias de los médicos. Ni se inmutan ante la desconfianza que provocan. ¿No verán que ya solo acuden a sus convocatorias, incluida la del 1 de mayo, los liberados sindicales? Políticos, que no sindicalistas, son colaboradores necesarios en los desastres que perjudican a los trabajadores más vulnerables, sea la ruptura de la caja común del Estado o la inmigración descontrolada. Señalados por los nefastos indicadores sociales, ¡aún dirán que Sánchez es socialdemócrata!