Bieito Rubido-El Debate
  • Los españoles somos los europeos que más esfuerzo fiscal hacemos de toda la Unión Europea y recibimos probablemente el peor servicio público. El deterioro de carreteras, vías y servicios públicos en general no se compadece con el dinero que nos está confiscando la peor generación de políticos

El sistema fiscal español es definitivamente un proceso confiscatorio que, atacando a las rentas altas, destroza a la clase media. Es curioso el poco tiempo y espacio que los medios de comunicación españoles dedican a un asunto que a mí me parece trascendente. Ya no porque a mí me duela pagar impuestos –que hasta me puede parecer bien que contribuyamos–. Me parece trascendente porque está siendo uno de los mayores obstáculos para que nuestra economía vaya bien de verdad y, sobre todo, contribuya a que los más jóvenes y los más vulnerables económicamente se beneficien de una economía más eficiente. Nos deslizamos hacia una sociedad donde se persigue el esfuerzo. El peor pecado que un ciudadano normal puede cometer es intentar que su economía, su trabajo, vaya bien. La izquierda extrema y la extrema izquierda quieren que los españoles no ganemos dinero. Ellos pretenden que vivamos subvencionados. Por eso con Sánchez ha crecido el número de pobres en España. La cuarta parte de la población de nuestro país está en riesgo de exclusión social. No le gustan los ricos.

El segundo libro más traducido del mundo, después de la Biblia, es El Principito, de Antoine de Saint-Exupéry. De las muchas lecciones que se desprenden de él está la de no aceptar el camino fácil. El Principito podía tomarse una pastilla que le ofrecían para calmar la sed, pero prefirió esforzarse hasta encontrar el manantial de agua. Saint-Exupéry trata con ello de dejarnos esa enseñanza: el esfuerzo siempre tiene recompensa. Pero la izquierda, que mal gobierna estos tiempos, no quiere que tengas recompensa: quiere darte la pastilla, esa que narcotiza y te hace abandonar tu actitud crítica.

Nuestro sistema fiscal, además de confiscatorio, es cruel. Trata al ciudadano como a un delincuente. El principio de veracidad del funcionario es palabra de Dios. Semejante despropósito solo puede entenderse en la arbitrariedad y discrecionalidad de un sistema dictatorial, nunca en una democracia. Por no hablar de la manía de incentivar al inspector en ocasiones para delinquir, como demuestran posteriormente los tribunales una y otra vez.

España está entre los cinco países con impuestos más altos de la UE, pero somos los primeros en esfuerzo fiscal si tenemos en cuenta los salarios y la renta de cada ciudadano. El 85 % de la recaudación fiscal en España corresponde al IRPF, es decir, nos afecta a los que tenemos nómina; y al IVA, es decir, a todos cuando compramos. De esta manera, les están robando el futuro a los más jóvenes. Muchos de ellos no saben que este Gobierno les detrae hasta el 30 % de su salario de lo que de verdad le cuestan a la empresa.

Los españoles somos los europeos que más esfuerzo fiscal hacemos de toda la Unión Europea y recibimos probablemente el peor servicio público. El deterioro de carreteras, vías y servicios públicos en general no se compadece con el dinero que nos está confiscando la peor generación de políticos de las últimas décadas. En Argentina están de vuelta de ese modelo que supuso que la quinta economía del mundo en 1920 pasase a estar entre las últimas por culpa de este tipo de políticas: las de darnos la pastilla sin dejarnos buscar el manantial. Porque la izquierda extrema y la extrema izquierda solo saben gobernar a pobres. Le tienen miedo a la libertad, al trabajo, al esfuerzo y a la capacidad creativa de cualquier ciudadano con capacidad de hacerse rico.