Félix Madero-Vozpópuli
- El verdadero motor que pone en marcha la maquinaria de la provocación es, más que la mentira, la exageración
Algunos buenos amigos y algún que otro generoso lector coinciden en que nos tomamos muy en serio nuestro trabajo. Escribir en permanente estado de cabreo no es lo mejor para analizar la actualidad, y puede que tengan razón. Sánchez, me señala una lectora en un correo, está cada día más delgado, y su aspecto es el de un hombre enfermo, pero vosotros vivís en un estado de permanente de irritación. Con un rebote tan mayúsculo y constante raro es que no te cueste una úlcera de duodeno, advierte. ¿Qué hacer? Pues lo que hacen los lectores con nuestras opiniones, tomar distancia, y en muchos casos aplicar los códigos del humor más fino ante la gravedad con que nos tomamos el relato de la actualidad. Si es que se puede, claro.
En defensa del humor
Pensamos y analizamos con un exceso de cafeína, y se nos nota. Y lo hacemos en un contexto en el que explicar es más costoso que entender. Cuando la actualidad se vuelve incomprensible -o, peor aún, saturada de consignas- el humor deja de ser un simple entretenimiento para convertirse en una herramienta para el análisis más riguroso. El humor no trivializa la realidad; la desnuda. Exagera para señalar, caricaturizar para enfocar, ironiza para evidenciar contradicciones e hipérboles. Allí donde el discurso político construye relatos cerrados, la sátira tiene el poder de abrir las grietas.
Pienso por ejemplo en María Jesús Montero, vicepresidente primera del Gobierno de España, pero que tiene una puesta en escena propia del club de la comedia. Con Montero y sus cosas es más fácil la sonrisa que con su jefe. Con la primera, la maldad, si la hay, viene escondida en una total ignorancia del sentido del ridículo. En Sánchez no, sus mentiras, denominadas cambios de opinión por el interesado, declaran una total intención que nunca es amable. Y menos humorística.
La broma de las lenguas andaluzas
Hacer humor con el presidente es muy complicado porque su discurso está alimentado de soberbia e ira. No así con su número dos. Estarán conmigo en que hay que tener mucha guasa, o demasiado ignorancia mezclada con fuertes dosis de atrevimiento, para irse a Jaén y prometer algo que los andaluces y andaluzas están deseando tener antes que una casa o un sueldo decente: ¡una ley de lenguas andaluzas! ¿Lo dice en serio la señora que pretende ser presidenta de Andalucía! Lo dice, y por eso antes que caer en la crítica fácil lo mejor sea esbozar una sonrisa con aromas piadosos.
Pero esto es lo que tenemos, amigos. No sé si tiene sentido recordar a Montero que la lengua de los andaluces es el español. Con razón el diputado de VOX José Ramírez del Río la ha mandado al logopeda. Quizá esté confundiendo un acento con una lengua, porque ¿dónde está la sintaxis, la gramática y ortografía andaluza? En todo caso, si su melancólico empeño fuera acompañado por el cumplimiento de sus promesas, me sonaría a gloria. ¿Cuántas veces ha prometido que iba a presentar unos presupuestos? Las que siguen son frases textuales: Estamos poniendo toda la carne en el asador. No estamos parados, esto va adelante. Dándolo todo. Manos a la obra. Cada día en la trinchera. Remando todos juntos. No dejamos piedra sin mover. Estamos trabajando de sol a sol…Ahí lo dejaré. ¿Es graciosa o no la señora Montero?
Pero el humor tiene su dique. Muchas veces el verdadero motor que pone en marcha la maquinaria de la provocación es, más que la mentira, la exageración. Esta es capaz de generar más irritación que la trola, sobre todo porque nunca viene sola, trae consigo una cierta dosis de cachondeo que no deja indiferente al personal. Pedro Sánchez debería ser un niño cuando en la radio Joaquín Prats anunciaba los domingos por la tarde la excelencia de un brandy -creo que Fundador– con la muletilla de “está como nunca”. Lo supiera o no Sánchez ha decidido intervenir en la precampaña de Castilla y León yéndose a Ponferrada para afirmar que «España va como nunca y la oposición miente como siempre». Si éste es el diagnóstico del presidente no vale la pena perder el tiempo intentando explicar los achaques electorales del PSOE y los buenos resultados de VOX allí donde se presenta. Hay que recocerle valor en el presidente a la hora de afirmar eso de que estamos como nunca. Incluso delante de los suyos hace falta arrojo para verbalizar semejante provocación. Hubiera estado bien que, al final del mitin, se le hubiera preguntado a los jóvenes militantes socialistas que cobran sueldos basura, que viven con sus padres o, simplemente, ni se plantean adquirir una vivienda, qué entienden cuando escuchan que España está como nunca.
La mentira no es graciosa
El problema no es quién miente más o menos -una competición difícil de medir cuando hablan Patxi y Óscar López, pero también Miguel Tellado o Ester Muñoz– sino la degradación del debate público cuando la mentira se convierte en munición cotidiana. El infundio no es el mejor material para el humor. En una entrevista que le han hecho a José Antonio Griñán en El País, y en la que no ha permitido preguntas sobre el escándalo de los ERE, lo que no deja de ser gracioso, le interrogan sobre el despegue electoral de VOX, y afirma lo que muchos pensamos, que el 90% de los votantes de VOX no son franquistas, que son cosa distinta a los jefes de ese partido. Por eso, sigue el ex presidente, la conclusión no puede ser otra que detenerse y pensar que, cuando un partido sufre electoralmente, como sucede con el PSOE y las pequeñas formaciones de la extrema izquierda, hay un 50% de probabilidades de que tengas alguna responsabilidad de ese daño.
Se quejaba Sánchez en Ponferrada de la subida de la extrema derecha. Tiene que saber que cada vez que abre la boca para asegurar que España está como nunca le está haciendo el trabajo a Santiago Abascal. Y en cuanto a esa extrema izquierda que quiere parar al fascismo, pero que fracasa cada vez que hay elecciones, dediquémosle una complaciente sonrisa con algunas gotas de misericordia. Podemos se ha quedado fuera del Parlamento de Aragón y Sumar sacó uno. En Castilla y León la encuesta de ayer de El Mundo le da cero a Podemos, y uno con algunas dificultades a Sumar. En Extremadura son cuatro. Y en el Congreso otros cuatro. ¿Parar al fascismo? ¿Con que votos? Sí, amigo lector, sería todo muy divertido si fuera mentira. Estamos como nunca. O sea, más o menos como siempre. Y el pueblo equivocándose cada vez que vota. De risa, vamos.