Teodoro León Gross-ABC
- Sánchez no cree en el control del poder legislativo y exhibe su propio «se sienten, coño»
Estos días ha sucedido algo interesantísimo en el Tribunal Supremo de los EE.UU. La Corte de garantías constitucionales anulaba los aranceles de Trump con una doctrina que restablece los fundamentos de la democracia con mayúscula: la ‘major questions doctrine’. Como traducía John Muller aquí sin solemnidad: «Si algo es muy importante, debe votarlo el Parlamento». Blanco y en botella. Trump ha reaccionado con rabia, descalificando a los jueces con tuits de brocha gorda, como corresponde a un sátrapa que detesta los controles institucionales. Pero la doctrina es irreprochable: si algo tiene consecuencias decisivas, con impacto para el país, resulta elemental la supervisión del poder legislativo. Eso aporta garantías de transparencia, pluralidad y también calidad. Trump, obviamente, querría gobernar sin el Capitolio. ¿Y a quién les recuerdo esto? Pues sí, claro, al Sánchez de septiembre de 2024 anunciando que avanzaría «con o sin el concurso del poder legislativo». Que si Orbán o Meloni, pero nuestro Trump no falla en el ‘ranking’ del trumpismo.
La enumeración de todo lo que Sánchez ha hurtado al Congreso resulta impresionante. Lo de Gibraltar es sólo la última vuelta de tuerca. Ahí queda el asunto del Sahara, con el oscuro entreguismo a Marruecos poniéndose el Estado por montera. Otrosí: el gasto militar y la contribución a la guerra. Y ya van tres presupuestos escamoteados a los representantes de la soberanía nacional, pasándose la Constitución por el arco del triunfo en la investidura. Y no acaba ahí lo hurtado: la regularización de inmigrantes, el SMI… Sánchez no cree en el control del poder legislativo, como han estudiado en la Fundación Hay Derecho, y exhibe su propio «se sienten, coño». Por demás, aquí no cabe esperar que suceda como en EE.UU. con la Corte de garantías, porque Sánchez se montó un Tribunal Constitucional a la carta, con Cándido a las riendas, dispuesto a mancharse con el «polvo del camino». Eso sí, la amenaza trumpista siempre son los otros.